Un fantasma recorre a Cuba, el fantansma del Marxismo Ortodoxo.

Respuesta a Kaushik Sunder Rajan Farmocracia.

En realidad, no sé que piensa Kaushik Sunder Rajan del Partido Comunista de Cuba y del comunismo cubano, pero si fuera a basarme exclusivamente en las ideas expresadas en su artículo sobre Marx…

…y los tipos de comunismos que Rajan promociona, es claro, que sus ideas están en abierta contradicción con cualquier tipo de alianza teórica o política con la actual revolución cubana.

El gobierno comunista cubano sólo conoce y sólo acepta un comunismo. En ese comunismo no existe ni libre mercado ni el Estado de bienestar al que se refiere Rajan. Y ello, sin dudas, tiene sentido. No puede existir un Estado de bienestar donde el Estado mismo tiene control absoluto de todos los medios de producción. Equivalentemente, no puede existir libre mercado donde los poseedores de negocios “privados” son tratados como trabajadores y plebeyos asalariados bajo libretas de abastecimiento.

Esto hay que tenerlo sumamente claro puesto que el consejo editorial de Patrias Actos y Letras (https://www.patrias-actosyletras.com) y La Tizza (https://medium.com/la-tiza), quienes ideológicamente se identifican con toda esta oleada de Marxismo ortodoxo (¿es esto un nuevo “anexionismo” ideológico extranjero?), del cual Rajan también es parte, al mismo tiempo levantan banderas, teóricas o no, a favor de conservar y perpetuar en el poder al actual Partido Comunista de Cuba, aún ante la clara evidencia que ese gobierno no está a favor de múltiples comunismos.

Mi amigo Rolando Prats me dijo una vez en relación con el tema, “es mejor un pájaro en mano, que cien volando.” Me pregunto seriamente si lo que él tiene en su mano es un “pájaro”, y si así fuera, si continuar meramente inyectándole “esteroide” revolucionario le sigue dando la apariencia de una salud que se ha venido desvaneciendo lenta pero segura en continuas bravuconadas policiales.

Estás diferencias ideológica entre el gobierno comunista cubano y este marxismo ortodoxo heterogéneo no son pasajeras puesto que el acercamiento a Marx y la propuesta comunista de Rajan ven la posibilidad real del comunismo dentro del capitalismo como un fenómeno de multiplicidades comunistas y no militantemente en contra de ese capitalismo. De hecho, tal militancia en contra del capitalismo no haría posible, siguiendo los preceptos teóricos y prácticos Marxistas de Rajan, la venida y materialización de esos comunismos.

Los comunismos de este nuevo Marxismo ortodoxo, no sólo no tiene que ver, sino que están en conflicto con los principios de la revolución cubana. La pluralidad que Rajan ofrece está en abierta contradicción con los postulados Castrista de “dentro de la revolución, todo, contra la revolución, nada. ¿Se imaginan la revolución cubana transfigurada en múltiples “revoluciones”? Eso es inconcebible dentro de los marcos del actual Partido Comunista de Cuba y de hecho sería considerado como contrarrevolucionario.

Una vez hecha estas aclaraciones preliminares, adentrémonos en el artículo de Rajan. No haré un análisis extensivo, pero sin dudas, me adentraré en muchas de las ideas claves de su artículo.

Desde el comienzo, Rajan no nos ofrece en lo absoluto un análisis crítico de sus lecturas de Marx, aunque sin dudas él está muy dispuesto a darnos un análisis “deconstructivo”, aka, a la Jacques Derrida, del capitalismo. Cabe preguntarse si tal análisis ya hace rato no ha agotado su combustible con décadas de neo-marxismo desde la Escuela de Frankfort (Walter Benjamin, Teodore Adorno, Herbert Marcuse, Junger Habermas), pasando por Antoni Gramci, Georg Lukacs, el post estructuralismo francés con los extensos trabajos de Michel Foucault y Gilles Deleuze y terminando incluso con Thomas Piketty con su tan anticipado libro, El Capital en el siglo 21. El marxismo parece tan inagotable ideológicamente como el capitalismo económicamente.

Quisiera, sin embargo, aclarar tres cosas acerca de Marx antes de adentrarnos en los detalles de Rajan. Estas tres cosas están por lo general tan ausente en Marx como en todos los marxistas que su teoría inspiró.

La primera cosa a aclarar.

En su libro, Socialismo utópico y científico, Engels usa el término, “socialismo científico” para referirse a la teoría económica-política de Marx. Por otra parte el término “ciencias políticas” es comúnmente usado de manera indiscriminada para referirse a la economía o a la política como ciencias en el mismo sentido estricto en que se usa para las ciencias naturales como la física, las matemáticas, la biología y la química. Esto es un error metodológico y lexical muy importante.

Marx en reiteradas ocasiones usó el termino “ciencia” para referirse al acercamiento teórico a un tema sin el estigma ideológico. En ese sentido yo veo el uso del termino “ciencia” acertado. Sin embargo, es erróneo usar el termino ciencia para referirse a una metodología similar a las usadas en las llamadas ciencias naturales. El hecho de que una botella de cerveza cueste un dólar pero cien botellas no necesariamente cuestan cien dólares, nos dice bien claro que a la economía no se le puede aplicar linealmente operaciones matemáticas aunque muchas otras operaciones matemáticas siguen siendo linealmente validas en ella.

En ese sentido seria absurdo decir que la economía y los procesos de financiarización macroeconómicos funcionan como casinos o bajo principios de pura especulación, pero no es menos absurdo afirmar, como lo hicieron Marx y Engels en variados de sus textos, que el desarrollo de la economía llevaría científicamente a la disolución del capitalismo, queriendo decir por “científico”, de manera lineal e inexorable. Hay validez científica en algunos aspectos de la “explotación” alegada por Marx en sus textos, pero hay también ideología impuesta y mezclada en su análisis.

La segunda cosa a aclarar, y esta será algo extensa, pero se hace necesario para luego establecer mis puntos de diferencias con Rajan.

Todo el edificio de las obras de Marx y Engels se basa en tres conceptos generales clave:

1 — Teoría de la plusvalía.

2 — Teoría de la acumulación originaria del capital.

3 — Teoría del materialismo histórico y materialismo dialéctico.

La obra de Marx, sin dudas, tiene algunos méritos históricos. Su contribución más valiosa, que sigue en pie hoy, fue su teoría de la plusvalía. Sin embargo, dado que la comprensión de Marx de la plusvalía está mezclada y es co-dependiente de su teoría de la acumulación de capital, su teoría económica está fuertemente manchada por connotaciones ideológicas que ofuscan el verdadero interior de la plusvalía.

Marx entendió la plusvalía desde un punto de vista antropocéntrico y esto tal vez es una de las clave que nos puede permitir entender la plusvalía de Marx sin el estigma “explotativo” que siempre ha llevado. La plusvalía como exceso de energía no sólo es creada por los capitalistas, o más bien, para ser fiel a Marx, por la clase obrera, sino también por cualquier organismo vivo, empezando por las células. En tal sentido, la asociación marxista de plusvalía con la acumulación de capital por parte de Robber Barons, los saqueos y las conquistas de las guerras se vuelven, no sólo débiles argumentos, sino sobre todo erróneos en el entendimiento del capitalismo como sistema social.

La explotación es uno de los efectos de la plusvalía, pero no su causa, y menos su causa principal como escribió Marx. En ese sentido, todos podemos crear plusvalía no inevitablemente contra otros, sino opcionalmente en beneficio de otros. Al proporcionar un servicio que nos da plusvalía, damos a otros valor para consumir, pero no necesariamente valor para crear. Eso es lo que crea la diferencia entre ganar un salario y extraer una ganancia. Esto tiene que ver más con la entropía que con cualquier intercambio económico injusto y no tiene nada que ver con la propiedad, ya que tanto la propiedad pública como la privada pueden tener carácter explotador en dependencia de quien o quienes la posean.

Cuando somos capaces no solo de consumir la energía de las fuentes de donde proviene, sino también de crear fuentes de energía, que también crean fuentes de energía, estamos ante un tipo de energía que elude la entropía. Vemos eso con la vida. La vida crea fuentes de energía no solo para ser consumidas, sino también fuentes de energía para crear fuentes de energía. Nosotros, los humanos, creamos a otros humanos no menos de lo que otros organismos vivos crean y se auto-replican.

Este acto de creación nos habla de una fuente de creación, nosotros los humanos, que no puede ser y no es simplemente una fuente de consumo a sueldo, un empleado, sino una fuente de fuente cuando se les da la oportunidad de florecer verdaderamente en lo que cada uno de nosotros es mejor.

Cada emprendedor o inventor intenta aprovechar esa fuente de energía, a veces incluso con ambiciones más grandes que la vida misma. En última instancia, no queremos como dueños de un negocio que otros seres humanos en calidad de nuestros empleados sean meramente una fuente de energía que solo consumen sin la oportunidad de ser la fuente de fuentes de un principio vital de abundancia.

Cada empresario es libre de no tener ningún interés en el desarrollo individual de sus empleados o de facilitar que se conviertan en lo mejor de lo que ellos aspiran. Ambos están libres de crear una situación beneficiosa para ambos, nada prescribe que no puedan lograrlo, pero tampoco que tengan que lograrlo. Por tanto, todo depende en el contracto inicial que ambos estén dispuestos a firmar.

Esto está lejos de ser la realidad común de la mayoría de los trabajadores en el análisis que Marx hizo acerca de los orígenes del capitalismo , y sin duda, lo que vemos tanto en los negocios como los lugares de trabajos que Marx describió es menos de lo que desearíamos y mas de lo que rechazaríamos.

Sin embargo, hay dos cosas aquí que el análisis de Marx ignoró. Primero, que se trata de la transición inicial hacia un sistema que aun conservaba la propia barbarie del régimen feudal anterior. EL proyecto emancipatorio elaborado por Marx partia de la premisa errónea de que todos los trabajadores deberían querer emanciparse de un jugo explotador que aunque en muchos aspectos era valido para las descripciones de la Inglaterra referida en el texto de Marx, no necesariamente lo era para otras regiones o en otros tiempos.

Otro elemento sumamente importante a tomar en consideración en el análisis de Marx es su total indiferencia al principio de Pareto. La Ley o Principio de Pareto, también conocida como la Regla del 80/20 establece que, de forma general y para un amplio número de fenómenos, aproximadamente el 80% de las consecuencias proviene del 20% de las causas. Esto no se aplica tan solo a los humanos, sino al mundo fisico en general en tanto nos refiramos a la entropia.

El hecho de que haya menos líderes que seguidores, menos empresarios que empleados, menos individuos excepcionales que los ordinarios no se debe al ni al principio de Pareto, ni a algo fundamentalmente injusto en la sociedad, sino a la entropía. Aspirar a una sociedad donde la mayoría, si no todos, los individuos son excepcionalmente grandes según criterios similares de grandeza es tan ridículo como seguir dogmáticamente el principio de Pareto y deducir que solo una élite del 20% posee, puede y debe poseer toda la grandeza de dicha sociedad.

Desafortunadamente, Marx no abordó estos temas desde el punto de vista de la entropía. Tratando de entender el concepto de plusvalía de Marx, Engels nos dice:

“Este problema debe resolverse, y debe resolverse de manera puramente económica, excluyendo toda trampa y la intervención de cualquier fuerza”.

Entonces, deberíamos descartar tanto de Marx como de Engels, la idea de que la plusvalía proviene del engaño o la corrupción. La plusvalía proviene de la mezcla de una ordenación natural y al mismo tiempo arbitraria de las actividades económicas en las que quienes poseen los medios de producción ganan más que quienes prestan su trabajo. Para Marx, esto no es una “explotación” convencional en el sentido corriente en el que muchos marxistas asumen que es. Es una explotación contractual, una explotación a la que los empleados accedieron y de la que tienen que tomar conciencia para liberarse del sometimiento.

La explotación entendida en términos marxistas se origina en un concepto casi metafísico de propiedad. El capitalismo se originó a partir de un concepto feudal de propiedad y propiedad de la tierra cuyos vestigios se perpetuaron a través de su secularización en la propiedad empresarial. Por lo tanto, los capitalistas o empresarios no tienen ningún parecido con los propietarios de riqueza anteriores (la aristocracia parasitaria que dejaron atrás) incluso cuando su principal fuente de plusvalía no proviene necesariamente de sus “contribuciones productivas”.

Marx, ciertamente, argumentó esto. En la práctica, dentro de cualquier negocio, no existe un procedimiento estándar para medir la “contribución productiva” de los dueños de negocios. No hay ningún misterio en esto. Los dueños de negocios obtienen plusvalías simplemente por el hecho de ser dueños de sus negocios y no necesariamente sobre la base de su fuerza de trabajo. Así, para Marx, mientras haya propiedad empresarial, habrá explotación. No tiene nada que ver con la codicia. La codicia llega más tarde con el arbitraje en el sector financiero.

Una vez que se encuentra el vínculo entre la propiedad de los medios de producción y la plusvalía, nace la utopía comunista marxista: Erradicar la propiedad privada de los medios de producción. En opinión de Marx, las cosas empeoran a medida que la necesidad de mantener el negocio en marcha en un mercado competitivo los obliga a una maximización constante de las ganancias. Aquí es donde el apalancamiento y el arbitraje entran en juego como maximizadores de beneficios.

Sin embargo, existe una diferencia entre el apalancamiento y el arbitraje en todas las actividades económicas. Cuando algunas personas tienen una influencia sobre otras es porque las necesidades que deben satisfacerse pueden ser más urgentes en un lado que en el otro y, sin embargo, existe un interés mutuo y acordado en el comercio sobre esas bases. Esas palancas pueden cambiarse, pero también pueden monopolizarse y configurarse para generar la explotación convencional sobre la que también escribió Marx.

Los dueños de negocios tienen dos tipos de influencia sobre sus empleados. Primero, los empleados nunca podrán obtener ganancias a menos que sean propietarios o compartan la propiedad de los medios de producción. En segundo lugar, los propietarios de empresas tienen la opción de ser simplemente partes interesadas o emprendedores que dirigen sus propios negocios y trabajan más horas que los empleados.

Por lo tanto, incluso cuando el apalancamiento es relativo, poseer los medios de producción siempre dará a los propietarios de negocios un apalancamiento sobre sus empleados que no se puede superar a menos que la propiedad sea compartida. ¿Por qué entonces Marx puso su mayor énfasis en expropiar a los empresarios de los medios de producción si poseerlos puede ser una posibilidad cada vez más abierta incluso a la clase trabajadora? La clase trabajadora de los días de Marx no es la clase trabajadora de hoy. Del mismo modo, los empresarios de la época de Marx no son los mismos de hoy.

Para Marx, lo que estaba mal en el apalancamiento sobre los medios de producción no era tanto su existencia, sino su tendencia inevitable a maximizar las ganancias por todos los medios contra los beneficios de la plusvalía para la sociedad en general. En opinión de Marx, esa influencia conduce en última instancia a la práctica implacable del arbitraje y la redistribución de la riqueza en manos de unos pocos. Hoy en día, este no es necesariamente el caso o, más bien, existen factores multivariantes que lo causan. La explotación no proviene de la propiedad de los medios de producción a menos que dicha propiedad se reduzca cada vez más a unos pocos, mientras que cada vez menos empresas tienen una oportunidad o más y más pequeñas empresas terminan siendo devoradas por corporaciones y conglomerados monopolistas.

No es tanto la utopía comunista de Marx lo que se despierta en los neomarxistas cuando sucede una crisis económica, sino la corroboración de la denuncia por Marx de las prácticas monopolísticas de las empresas. Sin embargo, no es una compulsión obligatoria de las empresas crecer (las empresas hacen lo que es mejor de acuerdo con las demandas del mercado) y tampoco convertirse en monopolistas. Promover la cultura de start-ups y separarlas cuando crecen demasiado ha sido una opción.

Esas fueron las conclusiones de Marx después de investigar la sociedad de su tiempo, lo que le llevó a la creencia errónea de que su teoría de la crisis capitalista conduciría progresivamente a toda la sociedad a un punto de ruptura o cambio radical para el bien de todos. Sin embargo, esto nunca ha sucedido, lo que demuestra que los cambios deben ser lentos, progresivos (incluso a veces regresivos) antes de que la sociedad en su conjunto pueda realizar mejoras graduales.

Mientras más analizamos el mercado uno se da cuenta que lidiar con el arbitraje es bastante diferente a lidiar con el apalancamiento. El arbitraje puede tener un impacto más negativo en el funcionamiento general de cualquier actividad económica. En www.investopedia.com leemos:

“Arbitrage is the simultaneous purchase and sale of an asset to profit from an imbalance in the price. It is a trade that profits by exploiting the price differences of identical or similar financial instruments on different markets or in different forms. Arbitrage exists as a result of market inefficiencies and would therefore not exist if all markets were perfectly efficient.”

Ningún mercado es perfectamente eficiente y el hecho de que algunas personas se aprovechen de él a veces exponencialmente a través del arbitraje solo muestra la tendencia natural de los mercados a aumentar su entropía periódicamente aunque no siempre de forma progresiva.

Las empresas financieras pueden aprovechar el mal funcionamiento de los mercados mediante el uso del arbitraje, pero el arbitraje solo se vuelve tóxico para el mercado cuando se convierte en su principal instrumento financiero. Esto, en última instancia, paraliza todo el sistema, como predijo claramente Marx.

Por lo tanto, el apalancamiento y el arbitraje creados por la distribución natural desigual de los recursos naturales y humanos pueden conducir a la explotación, pero no son la causa de la explotación ni los elementos que causan el colapso del mercado.

Es en el apalancamiento entre la plusvalía que somos capaces de crear y el valor que podemos consumir, entre la plusvalía que se nos da para crear y el valor que se nos da para consumir, que la plusvalía aumenta. Si bien las ganancias pueden aumentarse mediante el arbitraje, la plusvalía no.

La capacidad de plusvalía se nos da a todos, incluso cuando no existen las oportunidades. Además, no todos nos esforzaríamos necesaria e igualmente por ser dueños de un negocio, incluso si se nos diera la oportunidad. Esto de ninguna manera significa que no ha habido ni hay explotación tanto en el sector público como en el privado.

Si bien la influencia sobre una empresa nos permite evaluar nuestras capacidades y necesidades reales frente a nuestros impulsos de gratificación instantánea, el arbitraje busca saciar nuestra gratificación instantánea frente a nuestras capacidades y necesidades reales.

En las actividades económicas, lo que está mal no es el apalancamiento que tienen los empresarios sobre los medios de producción o el arbitraje utilizado como instrumento financiero por las instituciones financieras. Eso siempre sucederá de la misma manera que algunos tipos de orquídeas usan las abejas de las orquídeas para polinizar, pero las abejas no son la fuente principal de la polinización de las orquídeas. Lo que está mal es convertir a ambos en mecanismos exponenciales de maximización de beneficios. Este es el peligro sobre el cual nos alerte Rajan, y veo su alerta como valida. Lo que es inaceptable en su análisis es hacer de est peligro algo sistémico al capitalismo.

En la médula de la teoría económica de Marx existe la creencia de que cualquier forma de propiedad privada que tenga como objetivo proporcionar un servicio público a través de transacciones monetarias es intrínsecamente explotadora. Eso incluiría también la propiedad privada en el pasado. Para Marx no solo el feudalismo era un sistema explotador, sino también todas las civilizaciones de la antigüedad. De hecho, las únicas sociedades no explotadoras para Marx fueron las comunidades primitivas antes de los primeros asentamientos humanos. Así, para Marx todas las sociedades humanas son y han sido explotadoras con la excepción de las comunidades de cazadores-recolectores de cuevas.

Esto habla claramente de un patrón del pensamiento en Marx y Engels: él creía firmemente que, para él, la historia humana ha sido definida abrumadoramente por la explotación y las luchas de clases. Como resultado, el único camino para salir de esta situación es crear una sociedad como ninguna otra en el pasado, sin dinero ni gobierno, aunque antes se necesitaría una sociedad transitoria, el socialismo.

Marx criticó a los utópicos socialistas, Saint-Simon, Fourier y Owen sobre las bases de hacer de su teoría del comunismo una teoría científica. Marx no podría haber estado más equivocado. Su comunismo científico no resultó ser utópico (lo utópico es una tierra imaginaria nunca concebida como real), sino más bien una perversidad materialista hegeliana de bajas expectativas.

La teoría de la plusvalía fue el descubrimiento más original que hizo Marx en economía, pero tenemos un descubrimiento diferente en biología que nos habla de los mismos mecanismos de creación de plusvalía incluso cuando no se mueve con la misma volatilidad del mercado. La comprensión de cómo funcionan las mitocondrias como paquetes de energía en las células nos da resultados similares a los de la plusvalía económica de Marx.

Las mitocondrias producen alrededor de 26 a 34 unidades de energía a partir de solo dos unidades de glucosa. Se llama ciclo de creb y está presente en todos los organismos multicelulares. Las mitocondrias son realmente la fuerza de trabajo de nuestras células. Saben exactamente cuánta energía excedente crear para mantener nuestro cuerpo funcionando de manera saludable.

Las mitocondrias son las que generan plusvalía, pero es nuestro sistema nervioso y, en última instancia, nuestro cerebro el que está a cargo de qué hacer y los que poseen esa fuerza de trabajo.

No diríamos que nuestro cuerpo explota sus mitocondrias y tampoco diríamos que las mitocondrias actúan como la clase trabajadora marxista. Sin embargo, el hecho de que algunas personas tengan trastornos alimentarios por tener exceso o deficiencia de energía nos dice acerca de una “economía” en nuestro cuerpo, que no siempre va de acuerdo con los dictados de nuestra biología básica.

El punto general aquí cuando nos referimos a la economía de nuestras células y nuestro cuerpo es que la vida misma se basa en el principio de creación de plusvalía. La vida en contra, pero también a causa de, la entropía se define por la plusvalía. Nosotros, los seres humanos, hemos hecho un progreso inmenso en esa dirección, incluso cuando todavía tenemos mucha pobreza en el mundo.

La codicia por nuestra propia plusvalía no es un reflejo de la enfermedad de nuestra propia constitución y de nuestras sociedades, sino de nuestra lucha contra la entropía y de nuestras fallidas habilidades para disfrutar de los excedentes y excesos sin la glotonería y la carrera de ratas por la abundancia.

Nuestro cuerpo y nuestra mente no suelen hacer las cosas bien, de hecho, la mayoría de las veces hacen las cosas mal y, sin embargo, eso no significa necesariamente que haya algo intrínsecamente mal en ellos hasta el punto de necesitar cambiar nuestro ADN.

La sociedad comunista de Marx se volvió perversamente utópica precisamente porque su teoría implicaba cambiar el ADN de la sociedad. La explotación existió y existe, pero no es inherente a nuestro sistema social de plusvalía como Marx asumió erróneamente. De hecho, en las páginas finales de su libro, El Capital, Marx reconoció que es probable que el sistema capitalista se desintegre por sí solo o y traiga prosperidad natural por parte de la naturaleza en tanto su caracter contradicitorio continue en movimiento.

Marx, obviamente, maquilló sus ideas diferente al escribir El Manifiesto Comunista y los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. En este último describió en detalle su comprensión de la alienación y explotación humana, pero lamentablemente no logró comprender que ese es el origen de la sociedad moderna. y no la naturaleza del capitalismo o cualquier otra sociedad para el caso.

Por tanto, en Marx, la teoría de la plusvalía solo tiene sentido en el contexto de la explotación a través de la acumulación original de capital. Esa es la razón por la que muchos ideólogos del marxismo prestan más atención al lado de la explotación de las ideas de Marx y no mucho a lo que significa exactamente la plusvalía.

Probablemente la única persona que hizo un análisis estructural completo del Capital de Marx fue Louis Althusser en su Reading Capital, que fue un tour de force estructural de la teoría de Marx, pero descuidando por completo su concepto central de la lucha de clases.

Lo que es válido en Althusser es haber descubierto que Marx tenía muchas influencias de la filosofía de Hegel y probablemente nunca hizo mucho más que aplicar su dialéctica a su materialismo recién descubierto, muy popularizado por Engels en su Anti-Dühring y reforzado por lo que denominó materialismo histórico, bastardeando en muchos sentidos la Fenomenología del espíritu de Hegel.

El marxismo se puede entender bajo los tres ejes arriba esbozados. Cabe mencionar el trabajo de Kostas Axelos, Pierre Bourdieu, Frank Fanon y Jacques Derrida. Cada uno de ellos agregó una comprensión original de las ideas de Marx y tomó mucho de sus enfoques del materialismo dialéctico.

El marxismo, sin embargo, ha agotado todas las posibilidades de incluso ser reconsiderado nuevamente. Esta reconsideración se ha repetido variadas vecez tanto teóricamente como en la práctica. Pero luego, el posmodernismo entró en la escena y trajo el tipo de cambios que facilitarían la resurrección del cadáver del marxismo, esta vez, sin embargo, casi irreconocible.

La tercera cosa a aclarar.

Marx, aun aceptando el rigor y la validez limitada de sus investigaciones, realmente nunca nos pudo dar una teoría del capital desde una posición de “insider” con acceso a información privilegiada. Hoy, son los mismos capitalistas (no todos ellos) y nuestra propia tecnologia los que pueden y nos están dando ambos, una lupa y un telescopio dentro del mundo hiperreal del capital y las altas finanzas. Lo que allí se ha encontrado, y lo que yo he encontrado, no es tan solo la explotación marxista y su lucha de clases, sino mucho más. Lo mas desconcertante del análisis de Kaushik Sunder Rajan es que dejando la teoría marxista intacta al mismo tiempo que nos da una lección pedagógica de su entendimiento, hace un esfuerzo colosal en universalizar (cosa que Marx nunca hizo con Inglaterra) el ejemplo aislado corporativo de la industria farmacéutica entre India y los Estados Unidos.

Para una referencia a los flujos del capital global desde un punto de vista de los procesos de financiarización desde una posición de “insider” véase los siguientes enlaces.

1- https://www.youtube.com/watch?v=d4o13isDdfY

2- https://www.youtube.com/watch?v=kFQJNeQDDHA

3- https://www.youtube.com/watch?v=aq1Ln1UCoEU

Me limitare aquí a hacer breves comentarios puntuales sobre este artículo de Kaushik Sunder Rajan. Con ello no intento cubrir todas las posibles complejidades de su libro, Pharmocracy, el cual aún no he leído.

En su artículo Rajan nos entrega inmediatamente a un juego de palabras que casi con la misma inmediatez obliga a releerlo:

“Hacer justicia a la pregunta por el comunismo implica su aplazamiento, su cancelación, de tal manera que “comunismo” no signifique una aspiración teleológica o teológica. Sobre todo, se impone partir del capital, porque no estaríamos hablando de comunismo si no fuera por su adversario.”

Rajan intenta hacer el mismo gesto de Marx, descubrir el comunismo casi por accidente, como parte del movimiento natural del capitalismo. Este sería un capitalismo cuyas contradicciones interna llevaría ineludiblemente al comunismo. Sí, este es el mismo comunismo de Marx, pero el Marx de El Capital. Dicen que es más fácil deshacer un castillo de arena que hacerlo. Al parecer para Marx es mas fácil hacer el comunismo una vez que se entiende y y es posible deshacer el capitalismo.

Y uno se preguntaría ¿cómo es posible que hacer algo se haga más fácil una vez que lo anterior es fácil de deshacer? Aquí el problema no está en lo fácil o difícil de la tarea, sino en cómo es posible que un deshacer del capitalismo necesariamente facilite un hacer del comunismo.

Una cosa debería quedar clara. Entropía en si no facilita orden, aunque de la entropía puede nacer cierto orden. Tal vez, Rajan se está refiriendo a una “Goldilocks Zone” del capitalismo donde ciertos comunismos pudieran hacerse posible. Con esto el comunismo no sería utópico, pero, sin dudas, sería especulativo o en otras palabras, sería una apuesta. Una apuesta que se ganaría casi en silencio, después que se ha ganado casi sin uno enterarse porque sus condiciones las hemos ido creando naturalmente como parte de los procesos mismo del capitalismo incluyendo sus luchas de clases.

Marx parece haberse enamorado demasiado de la “conciencia para si” extraída de Hegel y buscada tan apresuradamente en el proletariado. Demasiada “conciencia para si” fue de hecho lo que nos dio a los Soviets, a China y a Cuba. Al parecer hasta el capitalismo ha aprendido y sigue aprendiendo de los socialismos y sus brotes fuera y dentro del mismo capitalismo. Sin embargo, mientras el capitalismo aprende Rajan no parece estar aprendiendo mucho.

Rajan sigue viendo la explotación en los mismos viejos términos marxistas y sigue añorando algo que hasta el mismo reconoce una posibilidad de alcanzarse sin poner ninguna camisa de fuerza. Rajan, sin embargo, no se percata que es el nombre mismo de “comunismo” lo que ya se ha convertido en una camisa de fuerza para una sociedad futura.

Tal vez sea simplemente nombrarlo como tal lo que lo delate tan abiertamente. En el mismo sentido en que Orfeo perdió a Eurídice por virarse y mirarla. Es sorprendente porque a Rajan no le toma mucho tiempo darse cuenta que aunque “la conciencia en si” de la explotación marxista existe en los trabajadores de la industrial farmacéutica, “la consciencia para si” parece estar perdida en un limbo de fragmentación laboral global y por tanto aspirar a ella es lo que se ha convertido en “una aspiración teleológica.”

Donde la lectura de Rajan de Marx se lanza en caída libre hacia un abismo de interpretación es cuando se refiere a la plusvalía:

“Aquí Marx nos muestra cómo el valor no es sólo expresión de la utilidad o el intercambio, sino que además adquiere su propia subjetividad. La mercantilización es inherente a ese proceso de valorización y es simultáneamente representativa y performativa, en la medida en que refleja el valor de las cosas que se intercambian, incluso cuando produce la plusvalía de esas representaciones. La falta de equivalencia entre las funciones representativa y performativa de la mercantilización concierne a la subjetividad del valor en sí[4]. Esa subjetividad depende de la alienación del trabajador, mediante la apropiación del trabajo. Porque no se puede entender el misterio de esa falta de equivalencia que está en el centro mismo del intercambio en apariencia equivalente — escribe Marx — como lo hacen los economistas políticos, es decir, suponiendo que el valor de una mercancía es una función del tiempo de trabajo, remunerado por medio del salario. Para que D tenga el potencial de convertirse en D’ (>D), debe existir siempre la posibilidad de que el trabajador trabaje más de lo que se le remunera. Marx la define como fuerza de trabajo potencial.”

La plusvalía tiene un origen multivariado y no unívoco como Rajan trata de mostrarlo aquí al decirnos,

“…para que D tenga el potencial de convertirse en D’ (>D), debe existir siempre la posibilidad de que el trabajador trabaje más de lo que se le remunera.”

No necesariamente. El trabajador puede introducir una innovación que le haga trabajar menos de lo que se le remunera. El trabajador puede participar en el grupo de acciones de la empresa. El trabajador puede trabajar a cuenta propia bajo una compañía sombrilla. El trabajador pudiera estar contratado en un trabajo no permanente y encontrar mejor remuneración simplemente incrementando su valor al empleador que le pague acorde a lo que el o ella considera su valor real.

Hay muchas situaciones en el actual mercado laboral en las que los ejemplos de “explotación” de la plusvalía de Marx no solo son complejos por mostrar que ambos los trabajadores y los dueños de negocios están ambos mezclado en una red de valorización mutua, sino que simplemente el carácter “explotador” de la plusvalía de Marx se hace inútil. Hasta podría decirse que el ejemplo clásico marxista de plusvalía como explotación no solo se refería a un periodo histórico del capitalismo sino sobre todo a condiciones especifica de trabajo y hacer negocios.

Esto de ninguna manera quiere decir que no hay explotación en el capitalismo de hoy o que la creación de plusvalía no siga teniendo un carácter explotativo y de lucro injusto en muchos sectores de la economía, sobre todo a nivel global. Lo erróneo en Marx, y por extensión en Rajan, es deducir con ejemplos extraído con un propósito muy específico (ideología anticapitalista), y que satisfacen ciertos razonamientos y sus conclusiones, modelos de explicación de un sistema social mucho mas complejo que esos mismos modelos.

La valorización económica siempre ha tenido dos caminos, o el de la valorización productiva en la que por medio de innovación y desarrollo tecnológico se genera mas capital o el de la valorización improductiva y parasítica en la que por medio de sofisticados esquemas Ponzi financieros, ya sean en su versión capitalista o socialista, se redistribuye la riqueza hacia unos pocos bajo la falsa benévola impresión de generar trabajo o ayudar al bienestar público mientras es usado para el beneficio de intereses especiales por medio de entidades tanto gubernamentales como privadas que saben como ocultar sus movimientos ilícitos de manera altamente profesional.

Sin embargo, una cosa debe quedar extremadamente clara, del hecho de que ambos tipos de valorización estén constantemente en interacción no se deduce necesariamente que exista algo intrínsecamente erróneo acerca del sistema que los “gestiona”.

Si existiera algo intrínsecamente erróneo en las sociedades contemporáneas capitalistas entonces por extensión debería de existir algo intrínsecamente erróneo acerca de todas las sociedades que le antecedieron puesto que todas estas sociedades compartieron el mismo sistema basado en la posesión de propiedades. En otro articulo mío…

…trato este tema de la propiedad en Marx y de cómo es el concepto de propiedad el que llevó a Marx a su idea de la explotación y a la necesidad de expropiar a los propietarios de una propiedad que, según Marx, nunca fue de ellos y debería ser devuelta a sus propietarios verdadero, los “trabajadores”. Es aquí donde Marx entra en aseveraciones irreconciliables y contradictorias acerca de una sociedad comunista sin propiedad las cuales describo en el articulo mencionado arriba.

Rajan menciona la propiedad como categoría económica al referirse a Veblen en conjunción con Lenin, pero se cuida de no tocar los análisis de Marx en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. Es ahí precisamente donde el concepto “filosófico” de propiedad lleva a Marx a deducir la necesidad de su desaparición como resultado de “la dominación del capital industrial por el capital financiero.”

En realidad, no hacia falta Lenin para que del análisis de Marx se de dedujera ello. La desaparición de la propiedad en Marx estaba en tándem con su socialización, coorporatización y transnacionalización. Todo estos procesos de monopolización corporativa de las finanzas no puede analizarse de manera monolítica o, para ser mas preciso, de manera monopolística como lo hace Rajan.

Rajan se esfuerza en su artículo en monopolizar su ejemplo dentro de la industria farmacéutica transnacional y usarlo como comodín o modelo para explica un fenómeno tan complejo como las finanzas y el capital global. Es curioso que Rajan no mencione el libro, The Shock Doctrine por Naomi Klein. Tal vez sea porque la doctrina del “shock” ya se ha convertido en otro modelo marxista cansón que sin tener ninguna visión abiertamente comunista aún sueña que los “shocks” y las crisis, una tras otras, creará las condiciones para un fin definitivo del capitalismo y por tanto ese fin, como siempre desde Marx, prepara las condiciones para el comunismo.

Rajan usa otra acercamiento al analisis marxista el cual yo llamaría, el síndrome de Enron. Enron fue una de las mas grandes y exitosas compañías de energía en Estados Unidos que se colapsó casi de la noche a la mañana. Después de su caída, “economistas” y “teóricos” del capitalismo estaban anunciando, sino el fin del capitalismo, la publicación de voluminosos libros sobre la actualidad de las ideas de Marx como vaticinador de su fin.

Es curiosos que Kaushik Sunder Rajan es Profesor de Antropología en la Universidad de California, Irvine y su artículo no toca para nada el hecho de que muchas prestigiosas universidades se están convirtiendo en hedge fund de billones de dólares. Rajan disfruta de un modesto pedazo financiero de la propia plusvalía la cual sus investigaciones tanto analizan en el mundo farmacéutico.

En el enlace siguiente puede encontrar un análisis al respecto.

Si desea ver una tabla más detallada de las dotaciones de las universidades en Estados Unidos puede encontrarlas en este enlace,

Esto de ninguna manera invalida los análisis de Rajan sino simplemente nos muestra como el trabajo investigativo que él mismo hace sobre un fenómeno financiero aparentemente aislado y reducido al mundo farmacéutico (el análisis de la plusvalía) llega afectar y manifestarse en el mismo terreno donde sus investigaciones y la publicaciones de sus libro opera.

Yo le diría a Rajan, Enron no está en todos lados, pero la plusvalía a la cual el le dedica más de trecientas páginas en su libro Pharmocracy, está valorizada en cada una de esas páginas y él no es exactamente el trabajador que cortó los árboles que hacen las paginas de su libro.

Rajan nos dice con gran regocijo académico:

“Marx destaca cómo los modos y las relaciones capitalistas de producción deben generar excedentes a través de un intercambio de presuntos equivalentes. La alienación del trabajo está en el centro de ese intercambio en el proceso en que tiene lugar la adquisición “oculta” del valor de la propia subjetividad. La explotación del trabajo depende de esa usurpación de la subjetividad. Las condiciones de posibilidad de esa usurpación residen en el potencial corporal del trabajador mal remunerado, el plus-trabajo.”

Rajan, como Marx, no pone mucho interés en las diferencias entre alienación y explotación, aunque sabemos que cuando Marx estudia la división social del trabajo y la separación de la labor en especialidades él, sin dudas, reconoce un proceso alienante que no es necesariamente explotador. La separación de las facultades humanas en especialidades y sobre todo en especialidades de trabajo monótono y repetitivo introduce el conocido proceso de alienación del cual Marx heredó de Hegel de la Fenomenología del Espíritu. Marx de hecho convirtió toda la alienación Hegeliana en una explotación económica y en un proceso de luchas de clases histórica. Lamentablemente, Marx no le dio un buen uso a la dialéctica hegeliana al convertirla en dialéctica materialista basada en explotación social dividida en periodos histórico a través del desarrollo humano. Pero vayamos al plano mas concreto del uso de la teoría Marxista. Cuando Rajan nos dice,

“Las condiciones de posibilidad de esa usurpación residen en el potencial corporal del trabajador mal remunerado, el plus-trabajo.”

Rajan hace una burda simplificación de lo que es plusvalía y “plus-trabajo” en Marx. Aunque Marx reconoce que la plusvalía es parte del trabajo no remunerado del trabajo asalariado, no es cierto que la plusvalía sea meramente trabajo no remunerado. Rajan como Profesor de Antropología en la Universidad de California la cual recibe y gestiona fondos privados recibe parte de ese “plus-trabajo” que el describe, y de hecho el trabajo que Rajan hace es trabajo bien remunerado.

Luego cuando Rajan hace referencias a Joseph Dumit:

“Dumit sustituyó en el Libro primero de El Capital las palabras clave marxianas relacionadas con el trabajo por otras relacionadas con la salud. Con ello, Dumit generó una “teoría del valor salud” que es el análogo literal de la teoría marxiana del trabajo y a través de cual ha mostrado cómo el valor crea una salud que está alienada de la salud concreta. El valor es, pues, lo que hace que el síntoma, que es siempre producto de la salud humana específica y concreta, represente una salud abstracta.”

Aquí realmente tenemos una joya en valorización académica. Es casi como si Rajan no tuviera ninguna consciencia que todo material de análisis y de estudio publicado por cualquier institución universitaria es un producto, una mercancía del capitalismo. No sé si esto aquí es ingenuidad o simplemente que la plusvalía en las universidades no es digna de atención por sus trabajadores puesto que la universidad no son de manera general instituciones de lucro aunque reciban fondos privados y funcionen bajo los mecanismos del capital de los hedge-funds.

Aquí, sin embargo, todo esta claro. La actualización del producto teórico marxista la vemos con palabras como “teoría del valor salud” o “plus-salud”. No dudo que Joseph Dumit y Rajan hayan creado todo un arsenal de palabras “nuevas” que aplican de una manera innovadora y creativa la teoría marxista, abriendo así nuevos currículo para el alumnado que pagan las universidades. En fin, es todo muy irónico, aunque sigue mereciendo un análisis serio.

El último problema digno de a analizar en las aventuras farmacológicas teóricas del capital realizadas por Rajan es su concepto de la maximización de la prescripción. Rajan nos dice:

“…la salud debe convertirse en algo medible, cuantitativo, una potencialidad agregada que se pueda valorizar. Según esa lógica, la curación de enfermedades o un estilo de vida saludable son amenazas para la acumulación de capital: sólo el consumo farmacéutico constante e intensificado genera valor. El trabajo de consumo terapéutico se valoriza en los cuerpos que tienen la posibilidad de enfermarse. El valor crea así tanto la imposibilidad como las condiciones de posibilidad de algo como el “comunismo”.

Es alarmante que Rajan basa las posibilidades del comunismo o, más bien, de su “comunismo” en algo que él llama maximización de la prescripción como si tal fuera un concepto nuevo o incluso una paradoja válida de nuestra realidad social. Desconozco cuan familiarizado esta Rajan con los trabajos en el área de la inteligencia artificial pero su concepto de maximización de la prescripción no es nada nuevo y se ha acuñado ya anteriormente con el nombre de maximizador de clip o hipótesis de la convergencia instrumental

https://en.wikipedia.org/wiki/Instrumental_convergence

La hipótesis del maximizador de clip fue formulada por el filósofo sueco Nick Bostrom en 2003. La misma ilustra el riesgo existencial que una inteligencia artificial general puede representar para los seres humanos cuando se programa para perseguir objetivos aparentemente inofensivos, y la necesidad de incorporar la ética de las máquinas en el diseño de inteligencia artificial. El escenario describe una inteligencia artificial avanzada encargada de fabricar clips. Si tal máquina no estuviera programada para valorar la vida humana, o para usar solo los recursos designados en un tiempo limitado, entonces, dado el poder suficiente, su objetivo optimizado sería convertir toda la materia del universo, incluidos los seres humanos, en clips o máquinas que fabrican clips de papel.

Extrañamente, Rajan intenta describir su concepto de “maximización de la prescripción” como una característica sistémica del sistema capitalista tomando como modelo su propio análisis parcializado en el que

“sólo el consumo farmacéutico constante e intensificado genera valor.”

Si no es menos cierto que la problemática que Rajan postula es real, o sea, el lucro en la industria farmacéutica no siempre va in tándem con la razón de ser de la industria misma, esto no puede y es absurdo traducirlo a

“la curación de enfermedades o un estilo de vida saludable son amenazas para la acumulación de capital”.

No, esto último es una afirmación general acerca de la acumulación de capital extraída simplemente del análisis de la industria farmacéutica.

Esto literalmente significa que la industria farmacéutica es por diseño y por defecto un maximizador de clip y no que la industria farmacéutica, como cualquier otra industria puede, dado la inmensa responsabilidad financiera que cae sobre ella cuando se convierten en largas corporaciones, faltar a esas responsabilidades en búsqueda del lucro sin limites. Ello es una posibilidad y en algunos casos como este, una realidad, pero de ahí a atribuirle por diseño y por defecto tal característica al sistema capitalista en su totalidad es simplemente un forcejeo ideológico marxista.

Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.