Tolerancia: falso pacto del socialismo cubano.

Los disidentes según Yassel A. Padrón Kunakbaeva.

Yassel A. Padrón Kunakbaeva es una filósofo marxista cubano y activista revolucionario quien escribe a menudo para La Joven Cuba. Yassel probablemente representa en la Cuba de hoy el “mejor” intento político de flexionar los músculos “teórico” del socialismo cubano hasta su umbral máximo. Un análisis detallado de tal flexión es lo que mi artículo abordará aquí a partir de su artículo publicado en Facebook bajo el título, Historia de una cisura – una reflexión sobre la participación de los disidentes en el socialismo.

El comienzo de Yassel parece prometedor sobre todo por el uso de palabras y frases como, “cisura” y “participación de los disidentes en el socialismo.” Sin embargo, una vez avanzado en la lectura la más obvia cortina de humo obstruye abruptamente nuestro pensar. Yassel piensa el socialismo como si fuera sinónimo automático de democracia.

Yassel nos dice:

“Durante mucho tiempo, en la tradición socialista que parte del bolchevismo, se eclipsó el debate sobre la importancia de un derecho digno, en favor de análisis que partían de lo partidista y lo clasista.”

Es decir, Yassel quiere informarnos de un “derecho digno” de los ciudadanos en la sociedad y para ello no encuentra mejor historia de tal derecho que en la “tradición socialista”. Es como si la democracia nunca hubiera existido más que cuando el socialismo la hiciera realidad. Pero aceptemos este punto de partida en el que el socialismo sería el eje de todo el quehacer social democrático legítimo.

Yassel, sin dudas, tiene algunas técnicas dialécticas a su disposición como buen heredero de Marx y sabe usarlas muy bien cuando nos dice:

“La supervivencia del Estado en el socialismo es síntoma de la supervivencia de un determinado régimen de dominación. Donde hay dominación hay contradicciones entre los poderosos, en este caso la burocracia, y los que están abajo, aunque no se trate de contradicciones antagónicas.”

Pero, ¿qué son “contradicciones antagónicas” dentro y fuera de la jerga marxista? Según Marx son contradicciones no sólo irreconciliables sino sobre todo inevitables y necesarias para la transición final al comunismo en su lucha contra el antiguo orden burgués. ¿Se imaginan ustedes cuanta rienda suelta en el socialismo pudieran dársele a un régimen en el poder que se arroga el derecho gratuito de postular de facto y de jure que todas las contradicciones nunca más serán ni irreconciliables ni necesarias?

Yassel reconoce un dilema real entre “los que están arriba y los que están abajo” en el socialismo pero puesto que el socialismo es su dogma hay una imposibilidad ontológica de su parte en reconocer que el régimen de dominación socialista puede y de hecho ha entrado en contradicciones irreconciliables con “los de abajo”. Luego él nos dará más detalles de “trucos” socialistas para evitar este indeaseado cuello de botella, no obstante, sigamos su reflexiones paso por paso. Yassel nuevamente nos regala su espíritu marxista dialéctico.

“…es idealista pensar que puede haber una identidad de intereses total y duradera entre un grupo que tiene una posición privilegiada en la dirección de la producción, como son los dirigentes, y los que no tienen ese privilegio, dígase los dirigidos. Esa confianza metafísica en los dirigentes, en ausencia de mecanismos de control popular, se convierte en justificación idealista de los privilegios y en coartada para que se vaya erosionando el pacto social que acompaña a las revoluciones.”

Pero esto no sólo le sucede a las revoluciones, sucede a todas y en todas las sociedades. El hecho mismo que Yassel necesite hacer este tipo de aclaraciones aplicadas específicamente al socialismo nos dice precisamente que es en el socialismo donde este “idealismo” tiene más posibilidades no sólo de suceder sino sobretodo de ser ignorado dado el mal hábito socialista de hacer una identificación automática entre “los de abajo y los de arriba.”

Más adelante Yassel nos deleita con otras verdades de perogrullo acerca de la vanguardia revolucionaria.

“…concederle a la vanguardia ese cheque en blanco, ese acceso privilegiado a la verdad, implica una estructura de poder extremadamente favorable para los que se sienten en esas sillas, a despecho del resto de la sociedad. Implica, entre otras cosas, la posibilidad de la arbitrariedad en la aplicación del derecho, la vulneración de viejos mecanismos pensados para la protección de la individualidad.”

Uno de los problemas claves en la narrativa de Yassel es que desde el comienzo él ha aceptado la correspondencia automática entre socialismo y democracia. Por tanto, no importa cuanto él cuestione los mecanismos de dominación en el socialismo el nunca va a cuestionar el socialismo y aceptar ese cuestionamiento con pleno derecho operativo en la sociedad.

La vanguardia socialista que Yassel tanto “aconseja” es una vanguardia que puede sin dudas estar dispuesta a “escuchar” voces diferentes, pero Yassel hasta ahora sigue ignorando que por su propia naturaleza política es una vanguardia que no puede ni quiere compartir ese poder con voces diferentes. Escuchar voces diferentes desde una posición de poder que no acepta la posibilidad legítima y legal de la existencia de ese poder compartido con voces opuestas no es de ninguna manera “escuchar voces diferentes”, ni tener un diálogo con ellas.

Yassel parece muy cerca de percibir el problema real de la democracia en todo sistema socialista pero su dogma inicial lo seguirá arrastrando a sus propias incongruencias de las cuales no puede y, hasta diría, no quiere ganar consciencia para si. Una vez más él insiste.

“Pero al aceptarse la estructura metafísica del discurso del poder, y la primacía discursiva de la vanguardia, se ha renunciado a algo importante, a la voz individual expresada públicamente en defensa de los derechos y en la participación activa, y por supuesto, al derecho que protege a esa voz. En una sociedad, no puede obviarse la dialéctica que existe entre lo individual y lo colectivo.”

Dialéctica, huh! Si hay algo que nunca ha existido en ningún socialismo es precisamente la dialéctica. La dialéctica supone desarrollo, progreso, regresos, pasos atrás y hacia adelante pero de una forma u otra evolución. Si no existe eso, evolución, la dialéctica solo es sofisma en manos de burócratas expertos y dictadores en el poder.

Esa es la misma “dialectica” que sigue ayudando a Yassel a decir:

“El vaciamiento del derecho de los individuos lleva lentamente al vaciamiento de los derechos del colectivo, porque no son dos cosas separadas, sino dos aspectos de lo mismo.”

No Yassel, en el socialismo, y en el socialismo cubano en particular, del cual deberías hablar más en detalles, ambos, lo individual y lo colectivo están separados y no pueden ni podrán ser dialéctizables mientras exita socialismo en Cuba. En la “dictadura del proletariado”, “clase obrera”, “trabajadores asalariados”, o como quieras que sea llamado bajo la jerga marxista toma primacia lo colectivo, lo comunal, la mayoría y lo social por encima de lo individual, personal, la minoria y lo íntimo. Cualquier “dialéctica” que intente ponerlos o quiera asumir que ellos están o deberían estar en el mismo terreno de juego nivelado es un sofisma.

En todo socialismo, sobre todo el cubano, la mayoría viene primero y la minoría segundo. Y lo que es peor, en el caso específico del socialismo cubano ya no es tan solo que la mayoría va primero sobre la minoría sino que la mayoría ejerce un poder tiránico ilegal y criminal sobre cualquier minoría si se requiriera incluso cuando tal minoría no esté actuando criminalmente ni en contra de la ley. Esa es la relación real no “dialectizable” entre lo individual y lo colectivo en Cuba. El artículo de Yassel muestra un despiste total al respecto.

Pero, finalmente, Yassel nos regala la pregunta que realmente, siendo el marxista y socialista que es, esperabamos de él. Pregunta traída a discusión nada mas y nada menos que sobre la memoria de Lenin y Trotsky.

“¿Se debe respetar un mecanismo formal al punto de permitir la participación política a los enemigos del socialismo, en base a su carácter de ciudadanos?”

La respuesta que nos da Yassel, aunque coherente inicialmente, no nos haría más que hacer reir con algo de verguenza.

“Mi posición con respecto a este asunto, es que se debe garantizar la posibilidad de una participación política cotidiana a los que piensen diferente, incluso con ideas contrarias al socialismo. Y sobre todo, que debe haber una aplicación digna del derecho para todos, incluso para ellos. ¿Por qué motivo? Bueno, creo que se colige de todo lo anterior. La construcción metafísica del discurso del poder es algo que no le hace daño solo a los opositores al socialismo, sino al socialismo mismo. Y como enseña una vieja sabiduría, si no hay derecho digno para algunos, no lo habrá para nadie.”

Si solo nos quedaramos con esto, todo parecería indicar que Yassel se ha vendido al enemigo y traicionado sus principios marxistas-leninistas tan bien enseñados desde que era un pionerito. Pero, no, no hay porque alarmarse. Yassel sigue siendo el buen marxista y revolucionario que es. El párrafo de arriba es solo el mismo juego “dialectico” (sofista) al que ya nos tiene acostumbrados.

Yassel primero nos hace preguntas sumamente insulsas para luego, por supuesto, derivar respuestas igualmente insulsas. Su pregunta.

“Los dilemas filosóficos en lo que se refiere a la construcción de una sociedad son muy complejos y difíciles de zanjar. Todo el mundo cree que tiene la razón. Y para el que está afincado metafísicamente en que su manera de pensar es cierta muy cierta, todo el que tenga un matiz de diferencia con él es un enemigo, en última instancia un traidor. Pongamos que esta persona, encargada de decidir quién es revolucionario y quien no, es muy tolerante y sagaz, pero su tolerancia tendrá un límite. ¿Cómo saber que ese límite es el adecuado?”

Está claro que el tipo de pregunta que se hace Yassel se la hacen mayormente aquellos que viven en un régimen socialista donde la diversidad de criterios, de estilos de vidas y de opciones personales e individuales no son muy marcadas. Es mayormente en sistemas socialistas totalitarios donde el ejemplo de una persona encargada de decidir quién es revolucionario y quién no tiene sentido real. Yassel reflexiona como si el universo entero fuera socialista.

Pero Yassel aún tiene muchas más ideas para deleitarnos con su “dialéctica”. El nos ofrece una de sus respuestas.

“Para mí la transición socialista no se trata de una verdad, sino de una búsqueda de esa verdad. Y por tanto, lo ideal es que se creen mecanismos para que los diferentes actores participen en esa búsqueda, sin que ninguna idea o intuición pueda considerarse sin más verdadera.”

Si el socialismo está ya anclado en el poder y en ese poder se manifiesta la verdad que ya se ha encontrado, ¿de qué verdad a buscar Yassel nos está hablando? ¿Será Yassel tan ingenuo o yo estoy ignorando algo aquí? ¿Por qué le cuesta a Yassel tanto trabajo concebir la idea de que incluso aunque los socialistas en el poder tengan la mayor parte de ese poder digamos por el voto popular legítimo el poder no debería por fuerza sólo pertenecer a ellos?

Ello debería quedar plasmado en la constitución independientemente de que los socialistas ganen el poder por mayoría. Yassel lo que en realidad desconoce es que por cada ley existente en la constitución cubana existen un correlativo de leyes suplementarias que crean excepciones para darle poder absoluto y supremo al partido comunista de Cuba incluso por encima de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Mientras tanto Yassel recomienda “una búsqueda de la verdad.”

No obstante, Yassel aboga por manos duras con los enemigos abiertos de la revolución que incurren en actos criminales. Lo risible y vergonzoso es cuando Yassel se refiere a opositores pacíficos.

“Entonces, a los opositores pacíficos, que acepten el consenso constitucional socialista, se les debe permitir participar. Sin embargo, las fuerzas políticas socialistas no pueden renunciar a intentar mantener su hegemonía, y la transición socialista misma. O sea, debe existir la posibilidad teórica de que si los opositores al socialismo son mayoría, se pueda efectuar un regreso al capitalismo, pero las fuerzas socialistas están en su derecho de hacer todo lo posible para evitarlo, dentro de las leyes.”

El párrafo de arriba es la reflexión política más insípida que jamás haya oído de alguien bajo la etiqueta de filósofo marxista, y créame, he leído y conocido marxistas extremadamente inteligentes e interesantes. Primero, el problema que Yassel está ignorando burdamente es precisamente que los opositores pacíficos no aceptan el consenso constitucional socialista, y cuando no lo aceptan esto tampoco quiere decir que los opositores quieran alienar completamente a los socialistas de su hegemonía.

Los opositores sólo quieren que si ellos no ganan la posición más hegemónica en el poder por voto popular ellos aún quieren que la constitución les dé derecho constitucional y legal para compartir ese poder como minoría. ¿Es realmente tan difícil entender eso? Las misma palabras de Yassel contienen las semillas de este proceso de real democratización del poder oligárquico socialista, pero su discurso está dogmática y metafísicamente atrapado en el apriori socialista, o sea, la hegemonía tiene que ser absolutamente socialista.

Finalmente, Yassel tiene una estrategia, un truco “dialéctico” de reserva “muy efectivo”, en caso el socialismo realmente se vea en crisis o simplemente para contrarrestar de una vez y por todas cualquier posibilidad de que desaparezca incluso por causas naturales.

“Un sistema que ponga demasiado peso en la representación en un parlamento nacional, al estilo liberal, o que en general implique la concentración de mucho poder en un solo punto, será más fácilmente tomado por fuerzas opositoras. Pero si el sistema se hace pensando en una democracia comunitaria de base, en la que la mayor parte de las decisiones importantes para la cotidianidad se tomen en espacios locales, de forma tal que exista un equilibrio más sólido entre los individual y lo colectivo, entonces será más difícil desquiciar el sistema.”

Si existe una cosa real acerca de todo comunista y marxista es que casi ninguno de ellos cree en la política, el gobierno, el parlamento y las complejidades de la democracia que va unido a todo ello. Para los marxistas como para Yassel todo ello son vestigios burgueses liberales que la vanguardia comunista debe usar y manipular temporalmente para que finalmente la fantasía comunista (sociedad sin clases y sin Estado), en la que ni ellos mismo creen, triunfe.

Esto de la concentración de mucho poder en un solo punto y ofrecer como “estrategia” diseminar el poder localmente es algo que Yassel debería saber que lo ha venido haciendo y lo continua haciendo mucho mejor el propio capitalismo que el tanto aborrece.

El caso penoso de Yassel es que da recomendaciones de perogrullo que sin dudas llevan sin él saberlo o ignorándolo a su socialismo victorioso, no a su destrucción sino a su desmantelamiento paulatino pareciéndose más y más al propio capitalismo que quiere mantener en raya.

Aún así, Yassel termina diciéndonos.

“Un buen diseño del sistema político, en un sentido socialista, puede hacer inocuo el reto de cualquier movimiento liberal.”

Esto como ya es de esperar es mera ensalada de palabras. Yassel A. Padrón Kunakbaeva es el mejor peor defensor milenario del socialismo cubano.

Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.