¿Por qué The Matrix Resurrections tomó su propia píldora azul?

The Matrix desde su primera concepción nos hizo preguntarnos sobre la naturaleza de la realidad. Esta es ante todo una pregunta filosófica, pero como dice el refrán, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Fue una idea brillante tener una referencia al libro de Jean Baudrillard, Simulacro y Simulaciones cuando, en la primera de las películas, Neo entregó un programa cibernético en la puerta de su apartamento. Pero seamos honesto, hasta ahí llegó su contenido filosófico.

El libro de Baudrillard fue para The Matrix lo que un libro de cocina es para un cerdo robótico inteligente y hambriento que de repente se siente demasiado humano e intelectualmente estimulado. Comprender la simulación de Baudrillard, primero requiere que nos olvidemos del “mundo de las máquinas” de la película, de ciencia ficción y que nos adentremos en la naturaleza tecnológica maquínica de la mente humana. The Matrix no podía llegar tan lejos y estaba bien que así no lo hiciera. Sería injusto negar que me complacieron sus tanteos filosóficos a lo largo de la trilogía.

¿Qué pasó entonces con The Matrix Resurrections? Fui a ver la película con muy pocas expectativas, aunque, para ser honesto, me sentí un poco más listo para la píldora azul. Desafortunadamente, incluso la píldora azul tuvo algunos cortocircuitos en mi mente y me resultó difícil digerirla con toda la tranquilidad que una droga tan eficaz suele bendecir al afectado. Literalmente, mi cerebro sufrió del mismo Molotov cocktail neurológico que afligía a Thomas Anderson y ni la pastilla azul ni la pastilla roja me ofrecieron el efecto esperado.

The Matrix Resurrections no aporta ningún análisis filosófico digno de su nombre, e incluso cuando el amor en todas sus versiones se convirtió en un comodín de respaldo, en caso algo saliera mal, en Resurrections lo menos que resucitó fue el amor. La película en su totalidad la senti casi como un funeral al estilo de la India en el que, en lugar de llorar a los muertos, realmente se celebra. En la película, sin embargo, la celebración no tuvo lugar sin una sensación de melancolía extremadamente obesa.

Para decirlo en otras palabras, imagínese que la película, The Matrix, fuera a recibir un Oscar por Life-Time-Achievement, pero en lugar de recibirlo, Lana Wakowski lo rechazaría y decidiría regalarse a sí misma y a su equipo de filmación un Oscar autocomplaciente con solo hacer otra película de The Matrix. Sí, una película como un Oscar autocomplaciente en lugar del Oscar mismo. Fue todo una prueba de narcisismo suicida en la que la película salto de un edificio muy alto y no logro volar como lo hicieron Neo y Trinity al final.

Obviamente, Warner Bros no estaba contento con la idea y aceptó Resurrections con la condición de que Lana nos diera más animatrónicas tipo Marvel y películas Zombie. Lana, sin duda, dio en la diana y ¡vaya que lo disfrutó! The Matrix Resurrections fue la mejor terapia para ella después de la reciente pérdida de sus padres. Lily Wachowski, sin embargo, decidió que no quería “retroceder” en su carrera.

Todavía, sin embargo, nos atosigan algunas preguntas sin respuesta. ¿Por qué The Matrix Resurrections se convirtió en una saga personal de los directores y en la celebración de un funeral cinematográfico? ¿No fue la trilogía la que ya inmortalizó la película por toda la eternidad?

Es bien sabido que cuando se está en aguas filosóficas o en cualquier tema relacionado con las profundidades, la mejor manera de salir, o mas bien, parecer más profundo y sobrevivir una profundidad demasiado agotada es entregarse de lleno a lo “Meta”.

Sin embargo, entregarse a lo Meta en una película que ya tiene sus capas de Meta (y yo que pensé que Nolan con Inception era el rey de lo Meta), requeriría usar otros trucos cinematográficos capaces de distraer la audiencia de la desnudez del emperador. Bueno, lo hemos visto antes. Alien, ¿lo recuerdan? Solo tenemos que añadir el re-boot y los elementos de la secuela y voilà, lo Meta resucita como novedad de nuevo, ¿o no?

Desafortunadamente, no hubo ninguna profundidad Meta en esta película, todo lo contrario, toda la profundidad anterior fue agresivamente trivializada, aplanada e incluso emocionalizada. El nuevo “Arquitecto”, el Analista, dijo que jugar con las emociones humanas y aprovechar el amor existente entre Neo y Trinity les dió más energía a las máquinas, pero lo que realmente estaba sucediendo era que la película ha estado jugando con las emociones de su audiencia y aprovechando el amor incondicional por la película en el que gran parte de la audiencia está irremediablemente atrapada.

Si lo que Lana Wachowski quería era un harakiri ñoño cinematográfico y culpar a Warner Bros por ello, lo logró. Esta película es una lujosa fiesta cinematográfica del consumismo con un mea culpa que ni siquiera es creíble ni con un enorme esfuerzo de nuestra imaginación crítica.

De hecho, todo el espíritu de resurrección fue un saneamiento de cualquier intento de ser tomado en serio y, sin embargo, curiosamente, esta película no es una comedia y ni siquiera un intento de serlo, pero encarnó uno de esos momentos en los que cuando lo arruinas todo crees que la auto ironía puede salvar el desastre que has creado. No, no lo salvó y el anticuado Analista lo empeoró todo aún más.

The Matrix original se trataba de adivinar la trama o, más bien, de elaborar la trama usted mismo sin poner todo en bandeja a la audiencia. Los constantes diálogos expositivos del Analista y de todos los personajes no solo puso todo en bandeja a la audiencia, sino que torció la cuchara de la trama para permitir torcer la mente de la audiencia con toda la libertad creativa de un hechicero.

Matrix Resurrections es una película cuyo harakiri ni siquiera se desarrolla a cámara lenta. Es un “bullet-time” constante de rendimientos decrecientes mientras lo hace con una crítica sarcástica de los propios rendimientos decrecientes de Warner Bros.

En la Matrix anterior, la mayoría de los personajes tenían un gran peso en si, nos preocupábamos por ellos. En Resurrection, el humor parece ser compulsivo y casi imprescindible en todo momento. Si hay algo de lo que podemos estar seguros sobre esta película es que casi todos los personajes sufren de lo que yo llamaría disforia de identidad del carácter. A través del constante desarrollo de la trama, la mayoría de los caracteres son pastiche de uno anterior y la forma en que encarnan su nueva identidad es como si los anteriores fueran los titiriteros de los nuevos.

Y esto no solo se aplica a los caracteres de la película. The Matrix Resurrections en su conjunto sufre de lo que yo llamaría el síndrome de la risa tonta de Mozart. En Mozart, al menos su risa tonta aparecía natural, incluso cuando con la misma naturalidad había compuesto música muy refinada y seria. Matrix Resurrections se esforzó tanto en reírse tontamente que dejó las payasadas de Mozart en las sombras, pero sin darnos nada de su genio.

Esta película no debería haber sido dirigida por Lana Wachowski. Lana debio haber seguido los pasos de Lily Wachowski, su hermana, y dejar que Warner Bros hiciera su propia versión sin ellas.

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Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

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Ulysses Alvarez Laviada

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