La Tizza: Una “inception” comunista fallida en el cerebro del gobierno cubano.

Leyner Javier Ortiz Betancourt nos dice desde el comienzo de su artículo, “Maquinismo revolucionario y conciencia de clase: una respuesta a Rialta Magazine”:

“La defensa del monólogo en tanto negación del diálogo es siempre una afirmación problemática. Se asemeja a algunos postulados que podemos encontrar en pensadores como Jacques Lacan o Derrida, que sostienen la imposibilidad de un encuentro cabal con el otro…”

Este comienzo de por sí hace ya muy problemática y desconfiable la narrativa de Leyner a pesar de que a penas nos hemos adentrado en el contenido de su artículo. Tomar, no solo a dos pensadores tan complejos, sino dos pensadores tan disímiles como Lacan y Derrida para hacer un pintorreo (drip painting) de palabras a la Jackson Pollock y luego pasar al asunto en cuestión engavetando rápido y sin mayor esfuerzos a estos dos pensadores como si no se viera todo el derrame de significación por todas las hendiduras de esas gavetas y la falta de rigor por no darnos ningún detalle acerca de afirmaciones tan vagas como extendidamente metafóricas, es solo posible en alguien muy preocupado por el estilo literario de su narrativa y los aditamentos eruditos que puedan validarla.

Pero, adentrémonos en el texto de Leyner. Lo primero a tomar en consideración aquí es que nos estamos refiriendo, en el texto de Leyner, casi a una Matrioska rusa o, para ser mas preciso, a la idea de un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño como en el caso de la película por Christopher Nolan, Inception. Leyner escribe este artículo referido aquí, “Maquinismo revolucionario y conciencia de clase: una respuesta a Rialta Magazine”, como respuesta a otro artículo por Hilda Landrove, “Cuba: máquinas, diálogos y líneas de fuga”, el cual es una respuesta a otro articulo por Leyner mismo, “Cuatro máquinas hegemónicas cubanas y una fuga de utopía”.

Lo interesante aquí, como en la película de Nolan, es que todo acontece desde el sueño de alguien, en particular en este caso, desde Leyner, desde su texto, incluso hasta diría, si siguiéramos la lógica “monológica-dialogal” de Leyner, incluyendo mi propio texto aquí, puesto que mi propio “monólogo” narrativo es “dialógico” a la Leyner.

Una vez que lo oximorónico toma control de nuestra narrativa y de nuestro estilo de escritura al servicio de lo “literario” es muy difícil retornar a una forma de exposición en el que las cosas y las palabras tiene los limites que nos permiten un diálogo con otras personas sin tanto derrame innecesario de sentido y significación en tanto podamos hacer demarcaciones mas estrictas en el uso de las palabras y sus significados.

Por tanto, para mantener a un mínimo todo este derrame de la significación que Leyner ha creado con sus textos no solo me concentraré exclusivamente en este texto último de Leyner, sino que evitaré caer en las “lineas de fuga” de su propia metodología prestada de los trabajos de Gilles Deleuze. Es claro que Leyner pone innecesario hincapié más en las terminologías que usa que en los problemas que trae a discusión y crea la falsa impresión que entender la metodología “filosófico-literaria” es más importante para resolver los problemas de los cubanos que esos problemas mismos. Por tanto, mi texto, a despecho de sus análisis oximorónicos, no será un “monólogo dialógico” ocurriendo en la inception de su propio sueño, pero sin duda intentará ir al meollo del intento fallido por La Tizza de hacer una “inception” comunista en el cerebro del gobierno cubano.

Si el monólogo, como afirma Leyner, es “una forma de diálogo, aunque sea incompleto”, toda palabra y su opuesto es una forma de su opuesto aunque sea incompleta. Leyner no parece percatarse de estas consecuencias básicas que se derivan de sus premisas si fuéramos aceptarlas como validas. Un monólogo sigue siendo un monólogo no importa cuán “dialógico” pueda sea. Un libro sigue siendo un libro no importa cuán fiel sean sus descripciones sobre la realidad que relata. Una película sigue siendo una película no importa cuánto capture la realidad existente. El gobierno comunista cubano sigue siendo dictatorial no importa con cuánta democracia socialista nos embobezca con su narrativa y en su Constitución. Es así de simple Leyner.

El problema con el texto de Leyner es que requiere de un constante deshilvanar de los nudos gordianos a que nos somete su terminología pseudo filosófica. Realmente no hace falta ninguna “…desconfianza ontológica hacia todo gesto democrático del Estado” para saber con certeza absoluta hasta dónde puede extenderse la democracia de un Estado socialista regido por la dictadura del proletariado en manos de una elite comunista con poder real y constitucional en el PCC.

No existe ninguna “desconfianza ontológica” por parte de ningún cubano hacia el Estado cubano, lo que si existe es entendimiento cristalino de las frases de Fidel Castro, “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada” incluso cuando el “contra” signifique oposición pacífica o creación de alguna organización independiente sin la autorización del PCC.

¿Por qué le cuesta tanto trabajo a Leyner entender las palabras de Fidel y tiene que darle vueltas “ontológicas” para otorgarle a toda costa al gobierno cubano comunista una democracia que no tiene ni nunca tendrá a menos que deje de ser marxista-socialista?

Leyner encuentra bastante caldo de cultivo en desviar la atención de su lector hacia Rialta, su “ceguera”, su “abstraccionismo” del Estado cubano y en demostrar cuán profusa es la diversidad interna de lo revolucionario en Cuba. ¿Cómo es posible que Leyner no se percate que el problema con la democracia en Cuba no es en lo absoluto la falta de diversidad de lo revolucionario en Cuba? De hecho la ingenuidad abismal de Leyner acerca de lo que significa la democracia en una sociedad que solo tiene y entiende por diversidad la pluralidad inagotable de una solo opción está en el centro mismo de lo que constituye un sistema totalitario y dictatorial.

Leyner nos dice bajo el espiritu de “halarle las orejas” a Rialta:

“Granma lejos de ser un periódico de monólogos, es quizás el más dialógico de Cuba.

Leyner no acaba de entender que el problema nunca ha sido ni será Granma. Granma podrá ser todo lo plural y dialógico que se quiera, pero el problema de la democracia y la pluralidad en cualquier sociedad no es cuán plural y diversa una organización es, el problema real es que esa organización tenga control absoluto y único de esa pluralidad y sea la única existente a su nivel y que si existiera otra tendría que estar subordinada a Granma por ser el órgano central del PCC. El totalitarismo se basa precisamente en el panoptismo o visión plural desde un ojo central jerárquico que patrulla a sus ciudadanos.

Leyner sin dudas se toma la libertad de clasificar como “liberal” cualquier estructura política-social que no sea socialista o, mas específicamente, que no sea marxista-leninista. Y como si esto no fuera poco, Leyner hace generalizaciones abstractas en contra de su oponente que convierte cualquier oposición real al gobierno cubano no solo en un acto criminal sino en un acto moralmente absurdo no importa desde que ángulo se mire. Leyner nos dice:

“Pues para el liberal, la ausencia de libertades para la política enemiga del socialismo es la ausencia total de libertades.”

Leyner ignora completamente que para el opositor cubano “la ausencia de libertades para la política enemiga del socialismo” no es “la ausencia total de libertades” como él afirma, sino que es también la ausencia de libertades para cualquier política que no es enemiga del socialismo pero que se postula como independiente y no subordinada al PCC y con derechos constitucionales y cívicos a existir como el PCC. Leyner no quiere crear una polaridad entre la política del socialismo y cualquier otra política independiente, Leyner quiere convertir a toda política independiente en una política liberal que constitutivamente quiere polarizar su relación con la política del socialismo.

Al mismo tiempo, sin embargo, Leyner trata de silenciar que a la democracia socialista le es constitutiva no permitir políticas independientes que no estén subordinadas al PCC. En otras palabras, Leyner quiere culpar a los que se oponen a la política socialista de querer constitutivamente polarizarse a la política socialista argumentando que la política socialista ofrece pluralidad y democracia dentro de los marcos de su política socialista.

La realidad de la política socialista, sin embargo, es claramente otra. La política socialista tiene que demostrar a toda costa que cualquier política independiente que no quiera subordinarse al PCC es y tiene que ser una política constitutivamente polarizante precisamente para justificar que la política socialista es y tiene que ser en efectivo una política socialista constitutivamente polarizante contra sus “enemigos”. Obviamente, “enemigos” para la política socialista significa todas aquellas políticas independientes e insubordinadas al PCC sean o no aún “enemigas” de la política socialista.

La “teorización” y la “intelectualización” con que Leyner intenta deleitarnos en su narrativa tiene dos propósitos bien claros aunque tácticamente silenciados.

Primero, intentar normalizar el proyecto socialista como un proyecto igualmente secular moderno, como si el marxismo-leninismo en el que se basa el socialismo cubano no fuera un anacronismo considerando no ya su fracaso global sino su existencia cada vez más rara.

Segundo, Leyner quiere a toda costa nivelarla la polarización política constitutiva al socialismo con la polarización política en el capitalismo. Leyner sabe que la izquierda liberal-progre de hoy en el capitalismo avanzado tiene marcadas tendencias socialistas y que, aunque ya hemos dejado atrás los días de la guerra fría, estas tendencias pseudo-socialistas en el capitalismo ha traído sin dudas nuevas formas de polarizaciones. Leyner nos dice:

“…toda política implica una polarización, un antagonismo y un mínimo de violencia física y simbólica. Por consiguiente, si la violencia es parte constitutiva de la política, en su ejercicio existen niveles variados de incomunicación, de silencios, de fracturas. En tanto la violencia es un invariable, no se dice nada nuevo al afirmar que la política es violenta, donde se debe poner el acento es en la cualidad de la violencia.”

Lo que Leyner manufactura con palabras revestidas de “teoría” y análisis “riguroso” es lo que pudiera llamarse como el último respiro reaccionario de una ideología comunista en total descomposición. La narrativa de Leyner es sin duda una narrativa inyectada forzosamente con el fantasmagórico espíritu de la guerra fría y al mismo tiempo camuflada en la práctica con el espíritu de la generación cristal en las sociedades capitalistas avanzadas.

De esta manera la “teoría” de Leyner que declara la política como violenta para todos los casos es simplemente una táctica retórica reaccionaria para justificar la violencia real no política en las calles de Cuba al mismo tiempo que se neutraliza con la violencia verbal manufacturada por la generación de cristal y las políticas identitarias. Nunca como antes las políticas identitarias han estado al servicio y al mismo tiempo sido utilizadas tan eficientemente por los comunistas reaccionarios en Cuba.

La justificación de Leyner de la política reaccionaria comunista del gobierno cubano va mucho mas lejos aún. Leyner nos dice:

“Por otro lado, cuando se habla de represión en Cuba se asume que todo su ejercicio se debe a una orientación estatal. Con lo cual se niega no solo la existencia de órganos diversos con subordinación mediada al máximo poder del Estado, sino la existencia de formas de lo que Walter Benjamin llama violencia divina. Es este un tipo de violencia explosiva, espontánea, ciega, donde el pueblo actúa con arreglo a su deseo destructor de las disposiciones del orden. Los famosos actos de repudio, por ejemplo, corresponden en general a este tipo de violencia, no eran realizados por comando policial.”

Uno se pregunta, ¿cómo es possible que Leyner no pueda entender cómo opera realmente el totalitarismo? Incluso uno diría, considerando lo erudito que Leyner aparece a los ojos de su lector, ¿ha leído Leyner El Proceso de Kafka o El señor de las moscas de William Golding o el Experimento de Milgram?

Es asombroso y hasta da vergüenza ajena que Leyner pueda decir que los actos de repudio en Cuba son el resultado de “violencia espontánea”. ¿No entiende Leyner qué es consenso manufacturado?¿Conoce Leyner de procesos lentos de adoctrinamiento en el que por defecto cuando una sociedad se guía por un solo partido y el monopolio de un solo gobierno que tiene el control de toda la economía los ciudadanos desarrollan altas tendencias para actuar ciegamente en unísono o por unanimidad?

¿No entiende Leyner que todo este actuar “espontáneo” es el resultado directo de un “bio-poder” centralizado, único y monopolístico? ¿Sabia Leyner que la mayoría de los implicados en actos violentos de repudios en contra de la “gusanera” nunca fueron ni han sido detenido por la policía o puestos en la cárcel o multados?¿Sabe Leyner que la constitución cubana justifica el uso de la violencia, si fuera necesaria, por parte de los ciudadanos en contra de elementos contrarrevolucionarios sin nunca definir claramente qué haría “necesaria” tal violencia?

Ciertamente, la violencia en las calles no siempre ha sido llevada a cabo por comando policial, pero cuando es llevada a cabo por los ciudadanos en los actos de repudio esos comandos militares los apoyan y se quedaban con los brazos cruzados.

En sus afirmaciones pseudo visionarias Leyner nos dice:

“En gran medida el 11 de julio es una explosión de deseo destructivo en las masas, un acontecimiento cargado de negatividad, sin visión de un futuro positivo, cuyo único sentido es la borradura, no la escritura de algo nuevo.”

Sería muy interesante saber por qué Leyner no puede encontrar en el 11 de julio signos de preocupaciones reales y legítimas que muchos cubanos han venido acumulando por décadas como resultado de sus insatisfacciones agudizadas por los fracasos sistémicos de su gobierno socialista.

¿Quién le dijo a Leyner que para que las demandas de los cubanos a su gobierno sean legítimas tales demandas tiene que ser “positivas” y “algo nuevo”? ¿Desconoce Leyner que cuando un pueblo ha sido mimado por “papá” Estado y al mismo tiempo abusado sistemáticamente la reacción inicial siempre va a ser “cargada de negatividad” y de “deseos destructivos”. El derecho cívico a esa negatividad es un derecho inalienable y es y ha sido un paso extremadamente importante para los cubanos sufriendo de tanta miseria diaria.

Como buen marxista y comunista Leyner siempre esta y estará dispuesto no solo culpar al capitalismo de los males presentes de Cuba sino alertar de los males posibles si los cubanos fueran a optar por el capitalismo. Leyner nos dice:

“Solo una conciencia de clase puede permitir visualizar el sistema mundo capitalista como el mayor enemigo del pueblo, y no al Estado como único responsable de sus desgracias.”

Nuevamente, Leyner nos introduce a una lógica pseudo dialéctica interesante. La otredad del socialismo, lo diferente al socialismo aparece inicialmente a los cubanos como una oposición al Estado-nación pero como parte de esa diferenciación los cubanos solo pueden adquirir consciencia de clase como parte del “sistema mundo capitalista” el cual es declarado por Leyner en abstracto y automáticamente como sistema de explotación donde cualquiera de los errores del Estado-nación cubano serian visto como menores en comparación. Leyner es tan convincente como un misionario que ha perdido ya toda credibilidad en su argumentación y aún le pide a su audiencia que memorise sus palabras.

El discurso de Leyner, a fin de cuenta, es el mismo discurso de “continuidad” de Diaz-Canel y del PCC, la diferencia es que Diaz-Canel no tiene el tiempo ni la dedicación, ni el interés “teórico” para engalanar su narrativa con todo este revestimiento intelectual prestado impunemente de las terminologías de Captialismo y Esquizofrenia escrito por Gilles Deleuze.

¿Cómo es posible que Leyner pueda ser tomado en serio con afirmaciones como las que siguen:

“La propuesta es un maquinismo libertario que canalice el esfuerzo cognitivo y permita sostener la energía revolucionaria y el deseo comunista en la lucha de larga duración… dicha máquina solo tiene sentido como continuación real de la revolución cubana de 1959 y solo puede asumir, a falta de otro mejor, el nombre de comunista.”

¿Qué necesidad real existe en Cuba y para el cubano ordinario, y cuando digo ordinario me refiero también a un doctor o jurista, dado sus problemas actuales tanto económicos como espirituales, para empalagarse con terminologías traídas de manierismos intelectuales como “maquinismo libertario”, “esfuerzo cognitivo”, “deseo comunista” y “máquina deseante”? ¿Por qué al mismo tiempo que Leyner quiere informarnos acerca de problemáticas reales de la sociedad cubana, quiere igualmente informarnos que hacen falta el uso de toda estas terminologías que cuando analizadas a fondo solo coquetean con un pensar “novedoso” para al final corroborar reaccionariamente la misma ideología de continuidad del actual gobierno de Diaz-Canel el cual sufre en estos momentos de una crisis ideológica casi total?

Leyner es un agrimensor ordinario del gobierno comunista cubano vestido con traje crítico de intelectual europeo tropical. La “inception” de La Tizza con el artículo de Leyner ha sido una “inception” fallida sobre el gobierno cubano.

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Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

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Ulysses Alvarez Laviada

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