Katherine Bisquet Rodriguez: Una historia de hadas de la izquierda opositora cubana.

Muchas veces he llegado a pensar que el daño que nos ha causado a los cubanos la tiranía socialista cubana es que nos ha equipado con un delirio metódicamente racionalizado, incluso en aquellos que como Katherine Bisquet Rodriguez nos hablan de los impulsos y de las uñas como instrumentos de activismo político.

Esta idea de convertir al totalitarismo cubano en una entidad quasi omnipresente le concede una fuerza telúrica que realmente no está ni nunca ha estado exclusivamente en el poder hegemónico de la élite comunista.

Entender el totalitarismo como fenómeno social es entenderlo primera y esencialmente como un fenómeno social estructural. Sin embargo, la mayoría de los opositores culpan de totalitario al poder hegemónico de esa élite comunista sin incluir el resto numeroso y extendido de su membresía.

El totalitarismo es y siempre ha sido un fenómeno ubicuo que en sus inicios se ha extendido de manera multi direccional desde las masas hacia sus lideres y desde sus lideres hacia las masas. Tomar al pueblo cubano como un víctima del totalitarismo comunista o incluso como un mero aliado pasivo es no entender la complejidades históricas de la psicología de las masas ya sea bajo regímenes tiránicos o totalitarios.

Y esto lo digo desde mi propia experiencia personal como el comunista y el marxista-leninista que fui desde mi infancia hasta mis años en la Universidad de la Habana en Cuba.

Gran parte del pueblo cubano fue desde 1959 y aun es un partícipe activo en esa dictadura, y aún mas, es parte de esa dictadura. Entiendo perfectamente que quisiéramos que las cosas no fueran así y que más cubanos estuvieran activamente más de nuestros lados en la oposición a ese régimen comunista, pero desafortunadamente no es así y el texto de Katherine Bisquet Rodriguez parece ignorar esta realidad de manera bastante parsimoniosa e instrumental.

Lo que es inaceptable aquí y motivo de delirio internalizado y normalizado es que la gran mayoría de una sociedad acepte no solo ser oprimida sino ni siquiera verla opresión como opresión y al contrario internalizarlo como heroísmo, pasión revolucionaria y fidelidad a la patria.

Este delirio colectivo sin embargo está en tándem con el auge de los delirios gremiales y de minorías sobre todo en los activismos políticos de la políticas identitarias a nivel global. No es el ser gay o negro o mujer lo que es el problema aquí sino las ideologías tóxicas que generan casi de manera inevitable todos estos movimientos comprometidos en activismos políticos.

No podemos negar de ninguna manera que gran parte de los cubanos que nacimos con esa revolución somos responsable de esa revolución aún cuando hayamos terminado siendo víctimas. Este es nuestro delirio individual, no reconocer el delirio colectivo actual y no sentirnos responsables y causantes de esa dictadura.

Katherine Bisquet Rodriguez nos deleita igualmente con este delirio aunque de una forma si se quiere mas persuasiva que su homóloga feminista Mónica Baró Sánchez.

Katherine Bisquet Rodriguez nos dice:

“Una de las razones por la que mucha gente se opone a votar en este plebiscito es porque teme que todo pueda ser instrumentalizado por la Dictadura.”

Lo que me cuesta trabajo entender en esta afirmación es cómo Katherine piensa que el Código de las Familias no ha sido ya instrumentado e ideado con antelación y anticipación por la Dictadura sobre todo sabiendo que Mariela Castro está al mando de la única organización más poderosa y unidireccional que representa la comunidad LGBTQ en Cuba.

Por otra parte, Katherine asume que el Código de las Familias es un documento con algunas deficiencias cosméticas pero en su conjunto positivo y muy beneficioso para las comunidades LGBTQ. Es de una ingenuidad colosal pensar de esa manera.

El Código de las Familias está meticulosamente escrito para garantizar la intervención del Estado en gran parte de los aspectos privados, del matrimonio, de la educación de los menores y de la intervención en los menores por parte del Estado incluso sin el consentimiento de los padres. Al parecer Katherine se ha concentrado mayormente en lo que concierne a la parte LGBTQ del Código de las Familias.

Katherine Bisquet nos deleita nuevamente con su delirio racionalizado al decir:

“Decirle a la comunidad lgbtiq que aguante y que no se deje instrumentalizar, es como decirle a Luis y todos los presos políticos, aguanten, asuman su presidio político. Decirle a un pueblo, aguanta, paralízate, ciérrate por capacidad, porque tú mismo estás sosteniendo esa Dictadura con el simple hecho de estar vivo, es no tener conciencia y empatía por el sufrimiento ajeno.”

No solo todo parece indicar que Katherine Bisquet piensa que la población de opositores en Cuba es lo suficientemente extendida como para causar un impacto decisivo en el voto del Código de las Familias sino que Katherine Bisquet asume que tal voto es una cosa seria y no una pirotecnia perfectamente organizadas con bastante tiempo de antelación y cuyo mayor impacto es esencialmente extender el poder del Estado sobre las Familias cubanas.

Katherine Bisquet nos dice:

“Esto no es una cuestión ahora de racionalidad política. Porque saben qué, todo lo que se ha logrado en Cuba desde la resistencia no ha sido desde esa racionalidad política.”

Aquí no me queda claro que es “lo que se ha logrado en Cuba desde la resistencia” a menos que las buenas intenciones fracasadas de dialogar cuenten como “logros”, y los intentos de manifestación y las pocas manifestaciones no nos testimonian ni nunca ha sido expresión de ningún progreso en ese sentido.

La tiranía socialista cubana se ha ido desmoronando por su propio hacer y no porque han cedido a las presiones de los opositores. Si hay un terreno donde la élite comunista en el poder está perdiendo es en el terreno ideológico con los opositores y en el terreno de credibilidad con los cubanos ordinarios.

Decir, sin embargo, que los cubanos opositores dentro de Cuba han logrado demandas políticas desde la resistencia es simplemente iluso. Los deseos simplemente no son realidades por mucho que los deseemos. Adicionalmente, la vehemencia y las pasiones no hacen historia por muy cargadas de entusiasmo que estén.

Katherine Bisquet nos dice:

“Mi consejo para la comunidad lgbtiq es que agarren lo que tienen ahora con las uñas. Crean en su lucha, en ustedes mismos. No busquen la comprensión, ni se queden en el papel de la víctima donde a muchos es más cómodo verles. Actívense. Rodilla en tierra. Inspiren. Griten por sus derechos.”

Este tipo de consejo es aplicable igualmente para cualquier cubano bajo los oprobios de esa tiranía y no tiene nada de especificidad para la comunidad LGBTQ. Katherine Bisquet se expresa como si realmente hubiera algo que mendigarle a la tiranía socialista cubana, como si ellos realmente tuvieran algo de que agarrarse “por las uñas”.

En todo caso lo que la tiranía socialista cubana ha hecho con la comunidad LGBTQ es tratarlos como obedientes mascotas pit bulls manicureados con collares rosados y entrenados para que muerdan firmemente el Código de las Familias bajo la orden benevolente de nunca más soltar esa mordedura a menos que reciban la orden nuevamente.

Si hay algo bien claro es que la comunidad LGBTQ en Cuba ha sido usada (Pinkwashed) con más efectividad para los designios de la revolución que cualquier otro grupo social en Cuba. Esa es y ha sido la especificidad de ese grupo social y no nada relacionado con “resistencia” o “logros”.

Los problemas de la comunidad LGBTQ se entrecruzan en relevancia con los problemas de todos los cubanos ordinarios. Los apagones, el hambre, la insalubridad, las enfermedades, las humillaciones, todos ellos van mas allá de el género, la raza o ningún marcador biológico. Es que ni siquiera estamos en el caso de estar en una cárcel infernal donde unas migajas de derechos serían mejores que nada.

El Código de las Familias cubano no ofrece ni siquiera migajas a la comunidad LGBTQ. El Código de las Familias es puro Pinkwashing para el beneficio de la revolución cubana. Esto es lo que los izquierdistas cubanos con pirulí nórdicos como Katherine Bisquet nunca entenderán.

Katherine Bisquet repite una y otra vez: “Los derechos no se plebiscitan no”, como si el problema fuera un problema meramente moral o una cuestión de principios. Hasta pudiéramos intelectualizarlo como una “batalla” entre deotologistas y consecuencialistas, pero la realidad del cubano ordinario esta muy lejos de ser un espejo de ninguna de estas paranoias intelectuales.

Nadie se está aferrando a ningún principio moral o de cualquier otro tipo cuando rechaza el Código de las Familias como mero Pinkwashing. La estrategia del PCC es la de promover las protecciones de los derechos LGBT como prueba de liberalismo y democracia, especialmente para distraer o legitimar la violencia contra el resto de los cubanos incluyendo los homosexuales. Y eso es solo un aspecto de su estrategia.

El otro aspecto es imponerle a la comunidad LGBTQ que es el Estado socialista y solo el Estado socialista el que crea y decide sobre sus derechos. O sea, sus derechos no pueden nacer ni nunca nacerán de sus demandas propias sino de consultas “humildemente” sugeridas desde arriba con ninguna garantía obligatoria de ser concedidas. El Estado socialista siempre tomará la decisión correcta y es y será criminal cuestionarlo. Solo sugerencias “humildes” serán aceptada.

Si Katherine Bisquet entiende todo esto como una mera cuestión de principio y su posición es que hay que doblegarse se hace perfectamente claro por qué ella salió de Cuba cuando se lo ofrecieron, o sea, no pudo soportar más la humillación y vejación no solo moral sino física. Sus consejos de tragar más vejaciones no es congruente con su opción de dejar Cuba.

Katherine Bisquet no llega a entender que la justicia no puede ser secuestrada para fines viles y mucho menos cuando disfrazada de justicia ofrece justicia revolucionaria y comunista para los homosexuales, la misma justicia revolucionaria que los puso en campos de trabajo forzado décadas atrás. La misma “justicia” que les controlara sus niños y niñas como lo hace ahora mismo pero con mucho menos libertad para los padres sean homosexuales o no.

Katherine Bisquet insiste:

“Uno se aferra a esa idea como algo justo y digno. Y cree que los demás, a los que les pesa la injusticia todavía, todos los días, pueden agarrarse de igual manera a esta máxima como algo salvador, el fin último, casi divino. Creen que los violentados pueden seguir aguantando, hasta que la justicia sea completa, íntegra, segura, efectiva.”

Katherine, las injusticias existentes con la comunidad LGBTQ no necesitan de votos, si lo necesitan es por una razón y solo una razón: para limitarlas y ponerle cláusulas y leyes complementarias que le den autoridad absoluta, más de la que ya tiene, al Estado socialista para decidir sobre la comunidad LGBTQ. Esa es la única razón del voto.

No hay ninguna necesidad de votar para ninguna de las leyes justas que ya existen en muchos países occidentales democráticos con relación a la comunidad LGBTQ. El votar solo es para dejar claro que existirán excepciones a todas esas leyes “justas” que garanticen que el PCC sigue siendo la fuerza superior de la sociedad cubana incluyendo los asuntos de la comunidad LGBTQ.

Por tanto Katherine, la comunidad LGBTQ no está “aguantando” nada. No hay que esperar a que la “justicia” sea completa porque la “justicia” que el PCC, bajo el ventrílocuo pirotécnico de la Asamblea Nacional del Poder Popular, está otorgado a los cubanos es la justicia socialista, y como ya tu deberías saber, aunque no todo lo que salga de esa tiranía socialista tiene un pacto directo con lo diabólico el resultado final tanto a corto como a largo plazo siempre va a ser diabólico.

Katherine Bisquet, sin embargo, parece estar tan ensimismada en su propio síndrome de Estocolmo y su pinkwashing que su delirio es casi incurable cuando nos dice:

“Puede que muchos no se den cuenta (espero), pero lo que están evocando aquí es al sacrificio. Como también están viendo el fin de la Dictadura en una única salida. ¿Por qué el compromiso moral debe estar por encima del individual? ¿Qué otro tipo de dictadura sacrificial es esta?”

¿Sacrificio? Yo no estoy muy seguro si Katherine Bisquet se ha leído con detenimiento el Código de las Familias. Son solo 117 páginas pero en tan corto panfleto el Estado socialista se erige como garante indisputable de las libertades de todas las familias cubanas. ¿A que compromiso individual se refiere Katherine Bisquet cuando es el compromiso individual lo que pisotea el Código de las Familias en aras del mismo falso bien común impuesto a todos los cubanos en los temas que no conciernen la comunidad LGBTQ?

La respuesta de Katherine Bisquet es que si no se puede obtener y demandar lo básico pues aceptemos lo que sea o lo que venga. En el inglés común al que me he acostumbrado esto se puede traducir con una frase muy sencilla: “Bigotry of low expectations.”

Ese es en esencia el consejo de Katherine Bisquet. Un consejo más coherente con su propia decisión personal sería salir de la isla en cuanto tengan una oportunidad no para abandonarla sino para seguir aportando con ideas y activismo desde afuera. Yo personalmente no estoy en ninguna posición para dar consejos.

Pero Katherine Bisquet continúa:

“No se trata de aceptar prebendas del régimen, ni se trata de lavarle la cara, mucho menos de integrarse a ellos y ser felices con lo que dan, o mejor dicho, con lo que siempre han quitado. No se trata de poner la otra mejilla, no se trata de legitimarlos, tenerlos como receptor, como dialogantes.”

Katherine, se trata de eso y se ha tratado de eso hasta ahora. Los cubanos desde 1959 han tenido o mejor han optado por esas dos únicas opciones cuando se trata de oposición. O se han “integrado” y son “felices” legitimándolos o se han largado del país. Es absurdo decir que no se ha tratado de eso como tendencia aun cuando la lista de presos políticos sigue aumentando de manera acelerada.

Mientras tanto Katherine Bisquet insiste en que todo es un problema de “soberbia”:

“Si le respondemos al mal con nuestra moral en alto, caemos en un enfrentamiento igualmente ideológico, igualmente soberbio, igualmente violento. Porque el mal también cree que tiene una moral, por la que son capaces de todo. Entramos en una lucha moral. Y entrar en una lucha moral equivale a legitimar a un contrincante como un opuesto calibrado para ese enfrentamiento.”

Si los cubanos opositores que ha existido hasta ahora tuvieran soberbia o hubieran encontrado los medios para dejar el país de inmediato o hubieran atacado un cuartel militar como lo hizo Fidel Castro con 100% chances de fracaso. Eso sería soberbia porque Fidel era un hombre soberbio. Catalogar de soberbio no participar en el voto fraude del Código de las Familias es parte de la mentalidad tan ilusa de gran parte de la oposición cubana.

No votar por el Código de las Familias no es aceptar ni una lucha moral ni ideológica es y debería ser simplemente una respuesta espontánea a la resistencia que ya existe y al descrédito que ese régimen se ha ganado. Por otra parte, el régimen comunista cubano no cree que tiene una moral, la tiene y está evidenciando en el apoyo popular que aún tiene a pesar de todo su deterioro acelerado. Desgraciadamente, el régimen comunista cubano si está calibrado para un enfrentamiento moral aún a pesar de toda su decadencia acelerada.

Todo mal cuando adquiere la dimensión y envergadura social como el cubano por supuesto que tiene una moral, por supuesto que tiene una cultura, un Zeitgeist. Que ese espíritu este en decadencia y en declive es otra cosa pero negarle su espíritu e idiosincrasia es simplemente no entenderlo forzados a afrontarlo con la más débil de las armas morales: la denegación.

No se legítima a un contrincante cuando es el contrincante mismo quien no nos ofrece ni nos permite ninguna otra opción más que la humillación servil “revolucionaria”. Los cubanos hemos perdido la soberbia, nuestra moral, nuestro espíritu, lo hemos perdido todo y aún seguimos vivos y aún seguimos tomando la vida como si nada estuviera pasando. Cualquier cosa que se gane es y será una conquista enorme, pero en mi opinión con el Código de las Familias no se gana nada y más bien se sigue perdiendo más de lo mismo.

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Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

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Ulysses Alvarez Laviada

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