Janette Habel: La utopia del socialismo democrático en Cuba.

Janette Habel es al entendimiento y la complicidad personal con la revolución cubana lo que Helen Yaffe es, pero en su versión Británica, tal vez con un poquito de “je ne sais quoi” francés totalmente ausente en Helen.

Hacer un análisis detenido de los incontables estudios e investigaciones hechas por muchas instituciones extranjeras sobre la revolución cubana requeriría abrir también todo un portafolio de convenios diplomáticos hecho por el PCC con todas las secciones culturales de las embajadas residentes en Cuba.

No se puede hacer “entrevistas” a estudiosos y expertos en la materia de Cuba sin antes preguntarles que fondos financieros respaldaron sus estudios e investigaciones y sobre que bases diplomáticas tales estudios pudieron llevarse a cabo, sobre todo considerando que el régimen cubano no permitiría ningún convenio diplomático-cultural de investigaciones si se cuestionara la validez humanista de la revolución cubana.

Hay procesos paralelos en los estudios e investigaciones teóricas de toda institución académica que no son directamente políticos y sin embargo tienen un impacto en la política. En el caso específico de Cuba por ejemplo, hay muchas universidades aquí en Inglaterra donde no solo existen cátedras dedicadas específicamente no solo a los temas latinoamericanos desde una perspectiva izquierdista sino de temas absolutamente cubanos desde la misma arista izquierdista.

Todos estos “intelectuales” y “teóricos” de la cultura son pagados y mantienen sus cátedras por décadas en tanto traten sus investigaciones con el nivel adecuado de “objetividad” y “neutralidad” científica que la profesión misma dice demandar.

Como todas estas investigaciones son hechas sobre las bases de acuerdos diplomáticos bilaterales. Ninguno de estos europeos, americanos o canadienses especialistas les están permitido meterse en los asuntos internos del socialismo cubano.

Por tanto, para que sus investigaciones procedan y sean de mutuo beneficio para el gobierno cubano y para los investigadores las reglas aplicadas a estos investigadores son las mismas que las aplicadas a los cubanos desde las famosas palabras de Fidel a los intelectuales. O sea, “con la revolución todo, contra la revolución nada”.

Así, los cubanos manipulados dentro de la isla se solidarizan con toda esta plétora de apoyo “científico” y “riguroso” de las universidades alrededor del mundo. Los investigadores monetizan el tema cubano con el constante financiamiento de nuevos posdoctorados que les da sustento a todos esos departamentos universitarios occidentales, al mismo tiempo que los cubanos dan la bienvenida por apoyo “emocional” a los “logros” de la revolución cubana.

Es una farsa metafísica-monetarista en la que entra en juego más bien la necesidad de sobrevivir con el espíritu anticapitalista dentro del capitalismo. Mira el caso de Ana Hurtado. Su caso da mucha pena ajena porque uno quiere creer que ella realmente cree en la utopía comunista cubana pero más bien esta lobotomizada en tener que darle algún sentido a su vida como individuo político mientras paga para su manutención con los fondos de becas izquierdistas.

Si fuéramos a contar las cátedras de estudios cubanos y de la revolución cubana en muchas universidades del mundo que mantienen una posición “neutral” con relación al sistema político económico cubano para mantener y promocionar directa o indirectamente la propaganda castrista, el dinero de los que el régimen cubano llaman “mercenarios” seria solo alrededor de un 10% contando con los cubanos que hacen lo mismo desde el periodismo.

El régimen comunista cubano ha hecho más dinero mercenario (y digo mercenario por forzar a sus turistas académicos a que todo esté dentro de la revolución) y diseminado propaganda alrededor del mundo con más efectividad y escala que todos los medios imperialistas y no imperialistas que se han opuesto a esa dictadura socialista.

Janette Habel ahora nos deleita, en su condición de turista académica de Cuba, con sus elucubraciones sobre el mejor socialismo para Cuba como si existieran tantos socialismo posibles como géneros sexuales no binarios.

La idea de que el socialismo tiene diferentes interpretaciones e implementaciones no es en lo absoluto una idea marxista-leninista. La teoría marxista-leninista no es ni nunca ha sido una teoría-experimento que se puede mejorar teóricamente con la marcha. Todo esto son ideas socialdemócratas y no marxista-leninista.

El Estalinismo no fue una desviación teórica del marxismo-leninismo. El Estalinismo fue una desviación ineludible de la fantasía comunista no porque Estalin se desvió de las lineas marxista-leninistas sino porque las lineas marxista-leninistas estaban destinadas por su propia naturaleza a desviarse de la fantasía de igualdad utópica a la que aspiraba.

Tanto para Marx como para Lenin las ideas teóricas del comunismo y el socialismo no eran ideas rudimentarias que por su carácter defectuoso deberían estar bajo constante revisión. No, eran ideas válidas. El único reformador del marxismo fue Lenin y después de Lenin toda variación a la teoría marxista se ga visto como revisionismo socialdemócrata para crear cualquier hibrido burgués marxista con tonalidades capitalistas.

Por tanto, el socialismo marxista-leninista es el único socialismo derivado del marxismo que se hizo válido en la Unión Sovietica y los países de europa del este.

Janette Habel nos dice refiriéndose a las reformas económicas iniciadas por Raúl Castro:

“Pero si bien esas reformas económicas eran indispensables ante el estancamiento y los fracasos de la economía cubana, estaba claro que conducirían a un aumento de las desigualdades que es contrario a las tradiciones de solidaridad de la Revolución.”

Según las prácticas reales de todos los países donde se instauró el socialismo marxista-leninista las reformas económicas fueron inevitables dada la esterilidad generalizada de la llamada economía planificada socialista en todas esas sociedades.

Después de los años iniciales de la revolución donde todo adquirió el falso semblante de marchar a toda popa económica y políticamente, la tan llamada economía socialista planificada no daba índices de productividad real y el fracaso de la zafra de los diez millones en 1970 fue el primer indicador de que solo con el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) y la Unión Sovietica a Cuba le sería posible seguir manteniendo la imagen de un país de “igualdad y prosperidad”.

No se puede mirar los desarrollos del socialismo nacional sin su conexión directa con el socialismo internacional. Para ambos, Marx y Lenin la idea de construir el comunismo y el socialismo sin una organización internacional comunista era impensable y parte esencial de todo socialismo nacional.

Lo que buscaban el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) y la Unión Sovietica era precisamente lograr la igualación de los niveles de desarrollo económico entre todas las naciones socialistas como extensión de lograrlo a nivel nacional. El análisis de Janette Habel completamente ignora que sin internacionalismo socialista no puede existir tampoco socialismo nacional de estilo marxista-leninista.

Este reconocimiento debió de haber sido la real transparencia que el gobierno comunista cubano debió asumir pero no lo hicieron y tomaron el colapso del CAME y de la Unión Sovietica como calamidades locales que no tenían porque afectar el socialismo cubano de manera esencial.

Con relación a las reformas introducidas por Raúl Castro Janette Habel nos dice:

“Para poder ser controlado, ese cambio de estrategia económica debió haberse hecho de forma transparente, explicando las contradicciones del proceso y todo lo que estaba en juego. Lo cual implicaba acabar con las trabas y las estrecheces burocráticas.”

Lo que ignora Janette Habel aquí son dos cosas. Primero, si Raúl Castro hubiera sido realmente transparente hubiera reconocido que el marxismo-leninismo no funciona ni nunca se concibió que pudiera funcionar como una ideología nacional.

Por tanto, Raúl Castro debió de haber reconocido que el socialismo en Cuba ya no podría funcionar por su colapso a nivel internacional. Cuba debió de haber optado por alguna opción capitalista democrática pero no lo hizo y continuó la farsa de un socialismo marxista-leninista nacional.

Esta farsa de socialismo marxista-leninista nacional es la que le impide a Janette Habel entender porqué Raúl Castro no pudo ni nunca le hubiera interesado ser transparente. Lo wue Janette Habel no acaba de entender es que “las trabas y las estrecheces burocráticas” son autóctonas a todo sistema socialista marxista-leninista.

La burocracia en el socialismo no es un error accidental y externo a la propia lógica en la que se funda el socialismo marxista/leninista.

Janette Habel continua:

“Pero muchos de esos elementos se han visto muy debilitados desde el desplome de la Unión Soviética. Desde entonces, no han cesado las crisis. Hay un cúmulo de dificultades de todo tipo, que se materializan, por ejemplo, en el plano de la vivienda.”

Es digno de señalar que Janette Habel reconoce el problema existente, o sea, que el socialismo nacional no puede ni podría funcionar sin su existencia internacional, pero Janette Habel fracasa en darle la debida relevancia y lo toma como un atributo perdido pero no realmente esencial para mantener en pie el socialismo nacional.

De hecho, el desplome del CAME y la Unión Sovietica tuvieron un impacto extremadamente mayor que el llamado bloqueo americano. Ni Marx ni Lenin creyeron que el comunismo y el socialismo pudieran ser un fenómeno meramente nacional y mucho menos sostenerse como fenómeno nacional.

El socialismo cubano no ha desafiado tales postulados marxistas-leninistas sino que por el contrario lo ha confirmado. El problema real es que el Estado cubano en su totalidad es un Estado en puro delirio verdaderamente peor que el delirio de los terraplanistas puesto que los terraplanistas no han creado instituciones ni se ha apoderado del aparato político-económico de ninguna sociedad.

Janette Habel posee la candida ingenuidad de afirmar:

“A nivel oficial, jamás se han analizado realmente las causas de la implosión de la Unión Soviética. El sistema soviético no fue nunca objeto de críticas y se omitían las dificultades que la URSS experimentaba desde hacía tiempo.”

La respuesta del gobierno cubano fue la de un cinismo operativo. Había que asociarlo a cuestiones locales, internas, regionales y muy oriundas a la URSS. Y cuando se colapsó el bloque socialista europeo, se aplicó la misma lógica. El PCC tomó todo el derrumbe del campo socialista como un fenómeno local-nacional.

Desde entonces el socialismo se convirtió para los comunistas cubanos en un fenómeno particular y nacional. Precisamente, lo que Marx y Lenin nunca aceptaron como posible a menos que se traicionen los principios teóricos de la doctrina marxista-leninista.

¿Qué pasó entonces con la ideología marxista-leninista en Cuba en las altas esferas del poder? El PCC comenzó a hibridizar su ideología y denegar ningún distanciamiento de los principios marxistas-leninistas mientras inició el padecimiento de disforia política, o sea, identificarse con una versión de su ideología que es diferente a la ideología inicial pero se presenta a capa y espada como representando exactamente la misma ideología marxista-leninista. Esto es lo que yo llamo como marxismo queer.

Janette Habel nos dice refiriéndose al colapso del socialismo sovietico.

“Pero en Cuba, al parecer, no lo sabían. Y nada de eso se analizó en provecho de las nuevas generaciones, de las masas populares. Lo cual fue un error sumamente grave…”

En Cuba el PCC lo sabía todo con lujos de detalles. Nada de eso podía analizarse en provecho de las nuevas generaciones. El PCC sabía perfectamente que cualquier “debate” solo traería confusiones y medias tintas acerca de la revolución cubana. Por tanto, la mejor política fue convertirlo en un fenómeno regional nacional que ni remotamente tenía ninguna analogía con nada que estuviera pasando en Cuba. La táctica les salió bien a corto plazo y evitaron que se produjera nada similar en Cuba.

Janette Habel continúa con su ingenuidad, la cual desconozco si es estratégica, natural o inducida cuando nos dice:

“Según el discurso oficial, se había «copiado demasiado» el sistema soviético, pero no se aclaraba qué era lo que se había «copiado»”

Janette Habel parece vislumbrar pero no entender que el copiar del sistema soviético no fue un accidente y que tal reconocimiento no fue un llamado a ningún cambio creativo o productivo sino una queja lanzada al vacío puesto que el PCC esperaba la misma práctica de copiar y seguir las directivas suyas de parte de todas las instituciones cívicas incluyendo la Asamblea del Poder Popular.

Janette Habel está parcialmente en lo cierto cuando nos dice:

“Hay errores que no son consecuencia del embargo estadounidense, que son producto de la herencia del sistema soviético. La ayuda de la URSS fue decisiva al principio de la Revolución, pero a largo plazo fue un desastre.”

Aquí de lo que se trata es de culparlo todo en factores externos sin nunca culpar la naturaleza misma del proyecto inicial. No es menos cierto que los errores adicionalmente se encuentran en la herencia del sistema soviético pero esa no es la causa fundamental.

La pregunta que Janette Habel nunca se hace es si los errores fundamentales del sistema social socialista instaurado por los barbudos dirigidos por Fidel Castro son causados precisamente por el socialismo y el partido comunista que le dió origen sin que puedan existir ninguna corrección que el PCC pueda hacer para mejorar más que renunciar a su relación con el poder político y económico que lo sustenta. Esto obviamente no es posible más que dejando de ser comunista. No existe reformas posibles que el PCC tenga que llevar a cabo para cambiar su relación monopolista con el poder político económico en Cuba.

El truco intelectual político al cual se entrega y al cual se arrodilla el análisis de Janette Habel es fácil de entender aunque difícil de aceptar si seguimos reglas básica de razonamientos.

Lo primero es consolidar ciertas principios generales de concordancia entre el socialismo cubano e ideas generales del bien y la justicia social que no pueden ser cuestionables. Una vez que esa conexión estrecha existe todo lo demás se hace secundario a niveles realmente espeluznantes.

El truco es que la revolución cubana tiene que ser presentada y ha sido presentada por el PCC desde el inicio como una revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes. Esta definición en si no hace referencia a ningún detalle de ser marxista, ni comunista ni socialista.

La definición tampoco dice cómo tal definición se va a ejecutar o cómo ha sido ejecutanda hasta ahora. La idea del PCC por tanto es que la mejor manera de ejecutar esa definición y la mejor manera en que ha sido ejecutada y, de hecho, la única manera en la que puede ser ejecutada, es por medio de métodos marxistas y socialistas a tal extremo que cuestionar esos métodos es en si cuestionar la definición misma de la revolución.

Esto es consecuencialismo utilitarista del más extremo y digo utilitarista porque primero falsamente parece defender una deontologia y segundo lo que se busca no es tanto lograr los resultados deseados por encima de los métodos usados sino trastocar los principios con los métodos usados de tal manera que los medios justifican el fin porque el fin son los medios mismos.

O sea, todos los medios y métodos del PCC y del socialismo son por antonomasia medios de los humildes, con los humildes y para los humildes. Si y cuando existe una discrepancia entre ambos tal discrepancia es la misma discrepancia existente en hacer una revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes.

Así cuestionar al PCC es automáticamente cuestionar a los humildes y si cuestionamos a los humildes solo podemos hacerlo de manera constructiva y siempre para su bienestar sin consideración al tipo o gravedad o error que cometan. Los humildes son intocables y así el PCC es intocable. Este es el truco intelectual vulgar de los comunistas cubanos en el poder al cual Janette Habel le rinde tributo y pleitesía.

Janette Habel parece como intentar indagar a fondo cuando no habla de “causas estructurales” al decirnos:

“Aun así, en Cuba, a nivel oficial, jamás se ha hecho un análisis del saldo del estalinismo… La llamada crisis del sectarismo, la microfracción, el juicio a Marcos Rodríguez… fueron todas oportunidades parcialmente perdidas, que se redujeron a episodios coyunturales en los que se dirimían responsabilidades individuales, sin indagar por las causas estructurales de esos acontecimientos.”

Está claro que Janette Habel tiene confianza incondicional en la honestidad del PCC. En Cuba no se puede hacer ni nunca se hubiera hecho un análisis del saldo del estalinismo. O Janette Habel realmente no entiende la naturaleza del socialismo marxista-leninista o nunca se detuvo mucho a analizar lo que produjo ese mismo análisis en la Unión Sovietica.

La respuesta más “efectiva” por el PCC al colapso de la Unión Sovietica fue precisamente no hacer ningún análisis racional del asunto porque el PCC se convenció de que cualquier análisis racional conduciría inexorablemente al mismo colapso acelerado acontecido en la Unión Sovietica.

La mejor respuesta del PCC, que les ha garantizado mantenerse en el poder ha sido pretender que no hay cancer político-económico en Cuba mientras se le aplica al cuerpo social constante quimioterapia negando que la sociedad cubana padece de cancer terminal originado precisamente en las altas esferas del poder comunista.

Los lamentos críticos de Janette Habel son inconcebibles pero congruentes con su propia lógica de no cuestionar la validez misma del socialismo marxista-leninista. Janette Habel nos dice:

“Resulta muy lamentable, sin embargo, que no se haya sabido distinguir entre una disidencia dispuesta a alinearse con los intereses del Gobierno de los Estados Unidos, por un lado, y, por el otro, la expresión crítica desde el punto de vista político y cultural de las nuevas generaciones que revelaba la necesidad de hacer cambios en el sistema político e institucional.”

Por su propia naturaleza el PCC siempre se ha visto obligado sin excepción a no hacer ni darse el lujo de tal distinción. Y es que Janette Habel no acaba de entender la naturaleza misma del marxismo-leninismo. No existen opositores enemigos y opositores críticos. El socialismo cubano solo acepta criticas “constructivas”, aka, no se puede cuestionar el socialismo, y considera toda crítica opositora como una crítica enemiga.

Es hasta risible que todo el análisis aparentemente “crítico” de Janette Habel se mantiene precisamente confinado a no cuestionar el socialismo como si la crítica máxima fuera seguir permanentemente pensando que por muy crítico que se sea lo que si no se puede hacer es rechazar el socialismo. El PCC estipula que el socialismo solo puede ser cuestionado a condición de que pueda ser mejorado. Esa es la única razón aceptable para cuestionarlo. Janette Habel acepta esta “dialéctica” de la mejor manera “creativa” disponible a sus inclinaciones políticas izquierdistas.

Janette Habel, sin embargo, continua en su viaje delirante pero meticulosamente racionalizado de creer que si los cubanos no quisieran socialismo es porque quieren capitalismo, o mejor, contrarrevolución. Manufacturar está relación binaria polarizante ha sido la carta ideológica fundamental del PCC para la permanente propaganda de la superioridad moral de socialismo.

Janette Habel nos dice:

“Para mí es obvio que detrás de palabras como «cambios ineludibles», dígalas quien las diga y desde donde las diga, se secreta, cada vez menos secretamente, un deseo y un imaginario capitalistas y constitutivamente contrarrevolucionarios, imposibles de satisfacer sin un cambio de régimen, aun cuando este ocurra sin una intervención directa de los Estados Unidos.”

El capitalismo es el bicho malo y el socialismo el duende bueno que se puede corromper y mejorar pero que no está en su naturaleza corromperse como es el caso del capitalismo. Es increíble que esta historia política de cuento de hadas continúe en el mundo, sobre todo que se la crea alguien que vive y nació en el mundo occidental.

Hay otros momentos en los que Janette Habel parece finalmente darnos una crítica medular del socialismo cubano pero tal certeza se desmorona segundos después de decir:

“En la situación actual de Cuba, la conceptualización de las reformas económicas y su aplicación han sido muy negativas. Han agravado las desigualdades, el racismo, las frustraciones de los jóvenes. Se necesitan reformas, pero no solo económicas. Lo que se ha llamado la «actualización del socialismo» ha sido una actualización burocrática, decidida desde arriba.”

Janette Habel, no lo dice, pero no deja de ser claro que ella cree en una actualización “verdadera” del socialismo. No se sabe de dónde Janette Habel extrae tal sabiduría pero sin dudas no es de ninguna realidad histórica. Janette Habel no llega a entender que las “reformas” del socialismo, como el de todo socialismo marxista-leninista, han sido el signo evidente del comienzo de su colapso. Janette Habel prefiere, como el PCC, convertirlo en la paradoja de lo continuo en la que algo sigue siendo lo mismo aunque que cambie si se manufacturan “reformas” en que todos los cambios son pirotécnicos dada la incapacidad consustancial para que cualquier idea fija pueda deshacerse de si misma por medio autóctono y no externos.

El PCC lo ha dejado bien claro desde sus inicios. El socialismo aunque se haga evidente para todos los cubanos que no funciona y que le hace mal a los cubanos, el PCC va a seguir en el poder a menos que fuerzas externas al mismo le quiten ese poder. El PCC nunca renunciará por su propio acuerdo aunque lo quieran todos los cubanos.

Mientras tanto Janette Habel nos sigue deleitando con su ingenuidad al decirnos:

“Cambio político no significa cambio de régimen, no significa vuelta al capitalismo… todo depende de los cambios políticos que se quieran hacer.”

El único cambio político real en Cuba no sólo es cambio de régimen sino transición paulatina a la propiedad privada desde abajo y no desde arriba. Qué tipo de capitalismo elijan los cubanos está por ver pero la economía socialista planificada en las manos monopolistas del estado no es la respuesta como tampoco lo es el monopolio político del PCC.

Y como si aún no fuera suficiente Janette Habel nos reitera nuevamente:

“Pero hay que señalar que, más allá de esas conquistas sociales, existían ya prácticas políticas muy cuestionables, sobre todo con respecto a los artistas y los intelectuales. Prácticas políticas heredadas de concepciones estalinistas provenientes de la Unión Soviética. Esas prácticas eran transmitidas por los cuadros del antiguo PSP.”

Estas “prácticas políticas” no se originaron de “concepciones estalinistas”. Estas prácticas pertenecen a la esencia misma de la implementación de la teoría marxista-leninista. Es así como uno está obligado igualmente a reiterar que no hay actualización de la teoría marxista-leninista. Esta en su naturaleza implementarse de manera estalinista.

Cuando Janette Habel nos dice:

“Fidel así lo reconoció: «Hemos copiado», dijo. Pero no bastaba con decirlo. Era necesario explicar lo que se había «copiado» para poder combatirlo, reconocer los errores y reflexionar sobre los cambios que era necesario hacer desde la perspectiva de un socialismo democrático, no de una vuelta al capitalismo.”

Obviamente, aquí Janette Habel finalmente insiste en atraernos a su idea utópica de un socialismo democrático al estilo de la socialdemocracia occidental. Para el PCC la idea de un socialismo “democrático” es un eufemismo contrarrevolucionario. Es por ello que el joven que se manifestó en las calles con un cartel que decía “Socialismo si, reprensión no” fue encarcelado.

Janette Habel no acaba de entender que el PCC no quiere ni está interesado en “reflexionar” en nada que pueda poner su hegemonía no ya en peligro sino en cuestionamiento. Haber explicado lo que se había «copiado» para poder combatirlo, a los ojos del PCC sólo significa, abrir las puertas para cuestionar la legitimidad misma de las ideas socialistas.

En Cuba no solo nunca han existido épocas “normales” sino que el PCC ha manufacturado permanentemente el discurso de los periodos excepcionales y por tanto manufacturado la homogeneidad y el inevitable totalitarismo.

Janette Habel debería concentrarse en implementar su teoría de “socialismo democrático” en Francia y lo mismo debería hacer Ana Hurtado en España y Helen Yaffe en Inglaterra. Mientras tanto, escuchen más a los cubanos. Ya ellos crearán sus teorías de la mejor sociedad posible para ellos desde abajo porque todo lo que hay arriba en estos momentos en Cuba huele a estulticia.

La entrevista a Janette Habel puede encontrarse aqui:

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Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

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Ulysses Alvarez Laviada

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