El significado real de la propiedad privada en Cuba.

Cuentapropistas como un mal menor.

En Cuba, el gobierno utiliza la propiedad privada como un paliativo y emergencia, no para la prosperidad de los negocios y el verdadero crecimiento de la economía, sino para beneficiarse de la eficacia de los cuentapropistas y redistribuir sus ganancias entre el resto de la población que ellos mismos continúa manteniendo en pobreza como resultado de sus propias incompetencias.

El gobierno cubano sufre de una economía chovinista de bajas expectativas. El poder dominante no quiere que nadie se haga rico (incluso cuando algunos lo logren en frente a sus narices), sino que todos puedan obtener un poco de la misma miseria limosnera de la que todos los cubanos deberían estar moralmente orgullosos. Desafortunadamente, ni siquiera este sueño de bajas expectativas se puede cumplir para la mayoría de los cubanos.

Cuba tiene dos opciones claras. La primera, continuar alimentando el sueño arruinado de dar permanentemente por igual un poco de limosnas a todos los cubanos reinforzando el desgano que muchos tienen por carecer de ningún sueño de prosperidad individual. La segunda, permitir que algunos se enriquezcan legalmente por medio de dar igualdad de oportunidades a todos, incluso cuando muchos no prefieran o no logren con la misma rapidez enriquecerse legalmente.

Analicemos estas dos opciones con dos ejemplo traídos de la naturaleza y de cómo algunas culturas se relacionan con la naturaleza.

Los pájaros machos manakin atraen a sus hembras a través del baile, pero para eso necesitan dos cosas. Primero, la rama perfecta. Segundo, cada macho necesita un acompañante de baile. Un pájaro macho más joven, que se convierta en su fiel compañero.

Los bailarines no están relacionados, pero se comprometen a una relación a largo plazo. Ellos bailarán juntos en parejas por 10 años y estarán tan cerca uno del otro que ambos se complementarán incluso en terminar sus canciones mutuamente. La clave para ambos atraer a una hembra está en lograr la sincronización perfecta.

Sin embargo, hay un problema obvio. Solo un macho afortunado se apareará con una hembra. Para el otro, esto debe ser la última decepción. El chaperon leal no tiene nada que ganar por todos sus esfuerzos. Esto se debe a que el par está formado por un macho dominante y otro subordinado, y solo el macho alfa logrará aparearse con la hembra.

El subordinado tiene que conceder a la voluntad del dominante. Obviamente, es natural que uno se pregunte, por qué el macho subordinado entra en tal relación con el macho dominante si no tiene la oportunidad de aparearse con la hembra? El macho beta tiene sin duda un plan. Él está jugando el juego a largo plazo.

Manakins viven por 18 años. Hasta la mitad de su vida, el macho beta ayudará al alfa a conquistar a las hembras, fortaleciendo su reputación y atrayendo a las mismas hembras año tras año. Sin embargo, cuando el alfa muere, el macho beta hereda las ramas de baile y todas sus visitantes hembras.

Lo que podría parecer un trato injusto es, de hecho, una estrategia cooperativa efectiva. El macho beta durante los años subirá de rango y, ayudado por su propio compañero de baile, ganará a las hembras que le ayudarán a perpetuar sus genes. Con un poco de paciencia, eventualmente será su turno de beneficiarse de un compañero de baile propio y hacerse cargo del apareamiento con las hembras.

Sin embargo, tenemos una segunda opción como estrategia económica de asociación. En Guangxi, provincia de China, los pescadores utilizan pájaros cormoranes entrenados para ayudarlos a capturar peces del río, una asociación que data de más de mil años. Los pescadores atan una soga alrededor del cuello de las aves para evitar que traguen cualquier pez que capturen. Los pájaros regresan a las balsas de bambú de los pescadores con los peces porque han sido entrenados para hacerlo.

Desde el momento en que nace por primera vez, cada uno de estos cormoranes es criado en una vida de obediencia a su amo. Los pájaros son en realidad esclavos, esclavos “felices”, uno diría. Los pescadores, por supuesto, se quedan con los mejores peces, mientras que los cormoranes son alimentados con piltrafa de peces.

Las piltrafa de peces actúan como una “solución rápida” para darle a los cormoranes suficiente energía de trabajo, mientras que son privados de la recompensa asociada con sus destrezas. Sus habilidades son explotadas por los pescadores para obtener el botín que producen. Si los cormoranes se alimentaran de los peces acorde con sus destrezas, obtendrían un botín que les daría acceso a una vida mucho mejor, pero los pescadores privan de esa vida a los cormoranes.

El tipo de capitalistas que el gobierno cubano critica tanto son precisamente los que actúan como los pescadores en China y no como los pájaros Manakins. De hecho, el gobierno cubano cree que el comportamiento de los pájaros Manakins es el cuento de hadas que los capitalistas venden a sus sociedades para engañar a su trabajadores.

Obviamente, la pregunta aquí es, ¿cuál es el cuento de hadas que el gobierno cubano vende a los cubanos para engañarlos y continuar manteniéndolos atrapados en una pobreza de limosnas generalizada?

Sin duda, la práctica de los pescadores chinos con las aves cormoranes es de explotación y muchas sociedades en todo el planeta están lejos de comportarse como los pájaros Manakins. Sin embargo, suponiendo que el gobierno cubano rechace el intercambio social de pájaros Manakins porque en última instancia oculta la práctica china de los pescadores con los cormoranes, ¿qué es exactamente lo que el gobierno cubano les ofrece a sus ciudadanos como practica económica?

Ellos han creando falsos dueños de negocios, manteniendo a toda la población como aprendices de aves beta manakin, y presentándose ellos mismos hacia el pueblo cubano como aves alfa manakin revolucionarias, mientras actúan como pescadores chinos.

Estas practicas del gobierno cubano están muy lejos de ser justa. No es ni siquiera justa incluso bajo los ideales estándares que ellos mismos critican de las sociedades capitalistas. Las practicas del gobierno cubano son un monstruo moral híbrido defensor de su propia miseria chovinista, el cual se sostiene en una legión de pescadores de cormoranes gubernamentales enmascarados como pájaros alfa manakin revolucionarios.

El gobierno cubano sigue sin entender qué es crecimiento económico bajo una sociedad justa. Una sociedad más justa que busca el crecimiento económico elige la igualdad de oportunidades y no la igualdad de resultados como estrategia económica.

Aún así, podríamos preguntarnos, ¿de dónde viene esta idea de la igualdad de resultados? Algunos de nosotros desearíamos que existiera igualdad de resultados para los niños, especialmente si fueran los nuestros. La igualdad de resultados también podría ser deseada en una sociedad utópica con tanta abundancia que ya no necesitaría crecer. Esto, obviamente, nos recuerda la utopía comunista marxista.

El problema con nuestros deseos de igualdad de resultados es que se basan en premisas insostenibles. A los niños se les debe proporcionar ante todo la igualdad de oportunidades y no la igualdad de resultados por la simple razón de que se les debe dar la oportunidad de forjar su propio futuro y no un futuro forjado por sus padres o por un gobierno.

La desigualdad de los resultados apunta a reconocer no solo los méritos, sino también la diversidad y las diferencias entre las gentes, algo que la utopía marxista cubana no reconoce por estar adherida a una comprensión abstracta de la igualdad que solo da como resultado la miseria y el estoicismo moral chovinista.

Una sociedad de abundancia que promueve la igualdad de resultados solo puede basarse en dos supuestos erróneos, que todos tenemos las mismas aspiraciones y sueños y que si todos somos moralmente justos, todos somos moralmente modestos, de lo contrario somos avariciosos.

Pueden existir muchas cosas equivocadas acerca de aspirar a la riqueza material, pero una de ellas no es aspirar a la riqueza material en sí misma. De la misma manera, pueden existir muchas cosas equivocadas sobre la permanencia y la perpetuación de la pobreza, y uno de ellas es definitivamente estar orgulloso de la pobreza debido a la codicia materialista del enemigo.

Cuba necesitaría un gobierno que permita legalmente que algunos se hagan ricos y algunos se vuelvan pobres bajo el principio, no de que los ricos se enriquezcan más y los pobres se empobrezcan más, sino de crear una gran clase media que reemplace la inmensa pobreza generalizada existente hoy en la isla. La pobreza existente hoy en Cuba se alimenta de un fanatismo político que aspira a una sociedad imaginaria de igualdad en la que todos son pobres e indoctrinados en una moral comunista de estándares dobles: “Se comunista de corazón, pero arréglatelas por el mercado negro para sobrevivir porque “papá” gobierno no te puede ayudar ni darte las posibilidades para que te ayudes a ti mismo, pero “papá” gobierno te vigilará en caso de que te las arregles demasiado por ti mismo.”

En una sociedad utópica, el gobierno comunista no necesitaría que asalariados capitalistas representaran sus negocios, pero como el socialismo está condenado a ser su realidad efectiva, debe reconocer los beneficios de los capitalistas mientras mantiene a sus ‘capitalistas” en un estado de “cuarentena” y vigilancia permanente para evitar que se conviertan en los tan odiados “magnates ladrones” del capitalismo salvaje sobre los cuales el marxismo les ha educado.

¿Pueden imaginarse un capitalismo de Estado explotando a sus capitalistas representados y designados para el beneficio de aquellos que no pueden o simplemente no tienen la oportunidad de ser capitalistas? Ni siquiera necesitaríamos profundizar en la corrupción asociada con el gobierno que se apropia de las ganancias de sus obedientes “capitalistas” para ser testigos de las persistentes calamidades de la sociedad cubana actual.

Lo que hace el gobierno cubano es poner el capitalismo y la propiedad privada al servicio de una miseria generalizada caritativa como resultado de que se ha vuelto imposible para ellos motivar a al pueblo cubano a luchar por mejores formas de vida. El Estado cubano ejerce un control totalmente improductivo sobre la economía cubana. Esto es una verdadera imposibilidad porque la mayor parte de los cubanos trabajan para la gran maquinaria anónima y económicamente disfuncional del gobierno.

Obviamente, para el poder dominante en Cuba, usar a los “capitalistas” supervisados es un mal menor que intenta subsidiar una prosperidad generalizada de bajas expectativas a través de una continua expropiación de las ganancias de aquellos a quienes se les permite jugar a ser “capitalistas” con el exclusivo propósito de darles una prosperidad ficticia. Estos “capitalistas” cuentapropistas son agentes de negocios asalariados trabajando en realidad para el gobierno. Los cuentapropistas tienen que pagar impuestos muy altos con el objetivo de redistribuir sus ganancias e intentar cubrir las necesidades mínimas del resto de los cubanos de a pie, a los cuales el gobierno es incapaz de dar autonomía económica, mientras los subvencionan con limosnas por medio de la libreta racionalizada de abastecimientos.

Capitalismo de estado, si tal oxímoron es posible, sería un capitalismo hipócrita y decadente. Lo que, sin embargo, existe sin oxímoron es capitalismo corporativo, monopolista, de “amigotes” o crony capitalism. Lo de Cuba no es capitalismo de estado, pero socialismo con falsos negociantes asalariados.

Curiosamente, algo tan aberrante como el “capitalismo de estado” es posible como alegoría moribunda en la fase terminal de algunos modelos socialistas. Tal nomenclatura absurda es parte de las herramientas ideológicas que el sistema en derrumbe usa para aferrarse más a su insensatez. La estrategia ideológica es engatuzar a los “revolucionarios” a que lo vean como parte de las aperturas políticas y económicas que el gobierno es tan generoso de otorgar y así intentar ridiculizar las acusaciones de sus enemigos.

Marx en uno de sus sueños “científicos” imaginó un capitalismo que naturalmente se transformaría en comunismo hasta que su amiguito, Engel lo bajó de esas nubes y le mostró el imperativo histórico de la revolución. El Partido Comunista de Cuba no tiene ni tendrá ninguna intención or plan de transitar al capitalismo naturalmente. Sin embargo, pensar que Cuba pasará al capitalismo de manera natural bajo los principios marxistas presentes es tan ingenuo como pensar de que habrá o se requerirá de otra revolución para que suceda.

No creo de que en Cuba habrá otra revolución o de que se necesite de una para transitar al capitalismo. El capitalismo no es un sistema social al que se transita por medio de una revolución. Ni si quiera la revolución francesa fue una transición al capitalismo, sin mencionar que ni siquiera en Inglaterra hubo una revolución propiamente y fue la cuna del capitalismo.

El capitalismo es un sistema de intercambio económico que aunque pueda ser pensado en términos mercantiles muy simples, necesita de desarrollo en tres esferas, en la industria, en la banca y en tecnología. La industria, hoy por hoy pudiera faltar, pero la banca y la tecnología son imprescindibles.

No hay voluntad política que pueda crear capitalismo meramente por medio de ideología por la misma razón que la voluntad política que intento prolongar el Socialismo con mera ideología fracasó. El capitalismo necesita primero que todo de economía, y no de política. Esa fue una de las verdades fundamentales que Marx aprendió de Adam Smith. La gran ironía de que el gobierno cubano use la nomenclaturas “capitalistas” para dar la impresión de su dinamismo y voluntad de cambiar “dentro” de la revolución socialista solo pone en evidencia su creciente desmoronamiento ideológico y no el reforzamiento del socialismo. Darle más guerra ideológica de oposición cuando ellos ofrecen diálogo, estratégicamente, no sería bueno.

El gobierno cubano nunca le dará prosperidad a los cubanos mientras continúen reinforzado su ideología marxista-leninista. Paradójicamente el reinforzarla los acercará más al colapso lento pero inevitable. El socialismo es lo inverso del capitalismo en ese sentido. El socialismo, para mejorar económicamente tiene que cambiar policialmente, en ambos sentidos, nominal y sustancialmente. El capitalismo requiere mayormente de cambiar económicamente para cambiar políticamente.

Así, el gobierno cubano reconoce algo positivo acerca de las empresas privadas, pero las usa como trampolín e ilusión de prosperidad para redistribuir la riqueza y obstinarse en lograr y perpetuar la insensatez comunista: “Todos alcanzaremos una vida próspera pobre y todos continuaremos inmensamente orgullosos de ello.” Bienvenidos al chovinismo moral de bajas expectativas económicas en el que, mientras que la fantasía marxista se mantiene alcanzable, algunos continúan siendo más ricos y la mayoría se mantiene y es forzada a vivir orgullosamente pobre.

Al usar lo que el gobierno cubano considera un mal menor (negocios privados) como un vehículo para obtener un resultado mayor (prosperidad para todos), en realidad obtienen como resultado un mal menor (prosperidad de bajas expectativas para algunos) con los efectos concomitantes de continuar perpetuando detrás de las espaldas del cubano de a pie un mal peor (pobreza general sustentada en una moral chovinista de orgullo revolucionario).

El gobierno cubano prefiere lograr un coeficiente mínimo de pobreza “decente” generalizado a cambio de la riqueza y la pobreza polarizante del mundo capitalista y neoliberal que odian. Sin embargo, lo que realmente se está perpetuando en Cuba es una pobreza generalizada, indecente e indoctrinada en la mayoría bajo una ideología de prosperidad de bajas expectativas para todos. El carácter indecente de la pobreza ideológica ofrecida por el gobierno cubano a los cubanos es precisamente usar la propiedad privada como un mal menor para obtener un bajo denominador común de prosperidad a expensas de la ilusión de una gran prosperidad indoctrinada en quienes emprenden negocios. Tal indoctrinamiento viene de la cópula “capitalista” revolucionaria del Partido Comunista de Cuba, si esto todavía hace algún sentido. El “capitalismo” comunista está aún en su fase naciente en Cuba y el Partido Comunista está totalmente renuente a tomar los caminos de China.

El verdadero problema, como ya he aclarado anteriormente, radica en que el gobierno cubano toma las empresas privadas como un mal menor cuando en realidad no hay evidencia histórica para demostrar tal afirmación, incluso cuando son más que conocidos los efectos nefastos del capitalismo de amigotes y monopolista. Para el Partido Comunista de Cuba es crucial mantener las empresas privadas vinculadas al gobierno de la misma manera que en los tiempos feudales la iglesia estaba ligada al gobierno. Hoy la iglesia presta sus servicios a la sociedad sin la necesidad de estar obligada o representar los intereses de ningún gobierno. La iglesia y los gobiernos, sin embargo, necesitaron de madurar y reformarse para lograr tal separación. En Cuba, el gobierno y las empresas necesitan reformas que vayan más allá de considerar a las empresas privadas como un mal menor de un enemigo capitalista y puedan reconocer no sólo el valor económico de la propiedad privada, sino también su valor moral.

En principio, la propiedad privada, aunque continúe atada a leyes del funcionamiento cívico general, no requiere de ningún matrimonio legal con gobiernos o con organizaciones benéficas para contribuir a la prosperidad general de la sociedad y poder funcionar de manera saludable. Es un signo de la salud de una sociedad que las proyectos privados, gubernamentales y de beneficencia están relativamente separadas sin que esa separación les impida por sí mismas y espontáneamente contribuir a la sociedad.

Pero echemos un vistazo al proceso inverso en las sociedades capitalistas. Si bien la propiedad privada debe separarse del control coercitivo del gobierno, las organizaciones benéficas y la filantropía deben estar separadas de los mecanismos de obtención de ganancias, tanto para las pequeñas empresas como para las corporaciones. El fenómeno inverso a lo que sucede en Cuba (el uso de empresas privadas como una caridad indecente) está ocurriendo en muchos países capitalistas (utilizando las organizaciones benéficas como un vehículo indecente de obtención de ganancias).

Lo que muchas empresas obtienen de sus campañas de publicidad no determina mucho el valor de sus productos, pero como los competidores también lo hacen, es un margen pequeño que no sería práctico ignorar. Las acciones caritativas y filantrópicas están de moda hoy en día en los mercados de consumo, ya sea que hablemos de pequeñas empresas o de negocios corporativos. La realidad, sin embargo, es que muchos de estos actos caritativos y filantrópicos ya forman parte intrínseca y casi legal de cualquier práctica comercial digna de sus nombres.

El problema aquí no es solo que las obras de caridad están subordinadas a obtener ganancias, sino que se presentan como si fueran caritativas en sí mismas, o en otras palabras, que las acciones de caridad se presentan como intrínsecamente no motivadas por la búsqueda de ganancias.

Obviamente, las empresas genuinas y la mentalidad empresarial nunca usarían las ganancias como un medio caritativo sistemático si tal mentalidad no trae como resultado prosperidad real, como es el caso del gobierno cubano. Sin embargo, la caridad que muestran las empresas no debe presentarse como oriundamente caritativa cuando no lo es. Esto no significa que la mentalidad empresarial no pueda abrirse a veces a tales prácticas sin un motivo de ganancia ulterior.

Prácticas similares a las del gobierno cubano también se ven de manera aislada en el mundo capitalista cuando las empresas y corporaciones esperan recibir ayuda caritativa del gobierno, de los consumidores o de los inversionistas. La idea fundamental que he tratado de proponer en este articulo es que la asociación enfermiza entre las empresas privadas, el gobierno y la caridad puede ocurrir tanto en el gobierno cubano como en las empresas del mundo capitalista. La diferencia fundamental, sin embargo, es que en Cuba el estigma tóxico que el gobierno otorga a las empresas privadas como un mal menor al servicio de una prosperidad caritativa de bajas expectativas ofrece una miseria de orgullo chovinista generalizada. El mundo capitalista, por el contrario, con todo sus males menores y males peores, continúa ofreciendo posibilidades que no se reducen a soluciones que tienen que en principio recurrir al uso de males menores.

En ese mundo capitalista que el gobierno cubano tanto odia, pero que usa convenientemente, hay mayores posibilidades de que empresas privadas, instituciones benéficas y gobiernos existan relativamente separados pero en interacción. Sin dudas, la realidad demuestra cada vez más que tanto su separación como su unión extrema son perjudiciales para la prosperidad de cualquier sociedad, pero validar su unión extrema, como es el caso en Cuba, bajo la justificación de que si no fuera extrema el extremo opuesto seria la otra única opción, es maquiavélico y oportunista.

Cuba sufre y el gobierno continúa engatusando y forzando a los cubanos a sufrir esta unión extrema. Si bien es cierto que la separación extrema ocurre más a menudo en el mundo capitalista que el gobierno cubano aborrece, es en ese mundo donde, aunque la prosperidad no está sistemáticamente garantizada ni tan siquiera como prosperidad mínima, hay más posibilidades de prosperidad real en medio de obstáculos que a menudo vemos como insuperables.

Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.

Genuine tragedies in the world are not conflicts between right and wrong. They are conflicts between two rights. Friedrich Hegel.