El pernicioso hábito cubano de la unanimidad.

El lado comunista británico de la política.

Jameela Jamil, es una actriz, presentadora de radio, modelo, escritora y activista británica.

A medida que la democracia ha evolucionado, ha mostrado una característica distintiva. Tiende a pasar de una política de unanimidad y de una mayoría monolítica consensuada a una política de pluralidad y de minorías en desacuerdo.

En Cuba, seguimos culpando al régimen de Castro por la incapacidad de Cuba para hacer la transición a una sociedad más plural con desacuerdos legalizados. Sin embargo, la realidad es que los cubanos han disfrutado de los efectos agradables y también fastidiosos de la solidaridad unánime mucho antes de que Fidel Castro les empujara los hábitos tan perniciosos de la unanimidad.

Sin duda, las ideas comunistas y socialistas se dejan llevar con naturalidad por esta cultura de unanimidad abrasiva, pero tales hábitos no tienen su origen en ellas. Por el contrario, los niveles de unanimidad han sido compartidas mutuamente por diferentes grupos sociales en la historia independientemente del comunismo. Sin embargo, en el momento en que Fidel Castro ganó relevancia política en Cuba, los cubanos estaban listos para el tipo de unanimidad que él tenía en mente.

La unanimidad comunista fue, sin duda, una importación externa, pero trajo los lazos tan necesarios que una Cuba fragmentada, regida por “haz lo que quieras” y “a nadie le importa” nunca había experimentado. Para entender los niveles actuales de disensión y desacuerdo de los cubanos con su actual gobierno, es de suma relevancia evaluar el espectro de unanimidad con el que muchos cubanos todavía se muestran muy satisfecho independientemente de que la unanimidad presente se la debemos a la familia Castro.

Si lo que quieren los cubanos en Cuba y fuera de Cuba es la transición a una sociedad de menos unanimidad, ya sea liberal o capitalista, y a una sociedad de mayor pluralidad, entonces el desafío no es cuestionar si los cubanos alguna vez tendrán elecciones libres o si la oposición será legalizada o no. El desafío es medir verdaderamente los niveles actuales de consenso y unanimidad de los cubanos. Ese es el verdadero desafío y no obsesionarse con el regimen cubano y sus políticas represivas. Esto ultimo se vuelve una distracción, incluso cuando vale la pena abordarlo.

Me parece que los perniciosos hábitos de consenso de Cuba en general y especialmente el relacionado con la herencia de Fidel Castro sigue siendo unánime en general dentro de la isla. Se puede, sin dudas, culpar al régimen comunista todo lo que se quiera, pero no es difícil descubrir visitando Cuba y viviendo allí que la cultura y forma de vida cubana a pesar de su nivel de fragmentación, sigue atrapada por el consenso y la inercia de la unanimidad, incluso antes de considerar cualquier asunto político.

Cuba sigue atrapada por perniciosos hábitos de unanimidad y no de pluralidad. Esto se debe no fundamentalmente a su actual regimen comunista, aunque este comparte una gran parte de la culpa, sino a una larga historia de homogeneidad nacional y re-ingeniería de la identidad bajo la amenaza de un enemigo extranjero común.

Jameela Jamil, es una actriz, presentadora de radio, modelo, escritora y activista británica. Un cubano no esperarías que ella compartiera los perniciosos hábitos de la unanimidad que acabo de mencionar en relación con la cultura cubana, pero ella, sin embargo, nos ofrece en el video mas abajo precisamente el lado débil de esa unanimidad.

En países como Cuba, todavía se puede experimentar unanimidad y consenso no solo cuando se trata de política, sino también cuando se trata de cualquier otro tema de interés general. Esto esta en la naturaleza misma de cualquier país totalitario. Ello no significa que la unanimidad sea mala de por si, sino simplemente que cuando se vuelve más la norma en una sociedad por encima de la pluralidad y el desacuerdo, eventualmente todo se vira en contra de la libertad individual.

La igualdad y la pluralidad no son buena de por si. Cuando la pluralidad se vuelve la norma por encima de la unanimidad y el consenso, eventualmente algo va a ir en contra de la unidad colectiva y el equilibrio social. Es por ello que en el mundo occidental la unanimidad es un ingrediente social casi inexistente y, en el mejor de los casos, está en peligro debido a una excesiva pluralidad de opciones y a la naturaleza fragmentada de todo consenso.

En el video, sin embargo, Jameela Jamil se otorga el derecho de referirse a un “nosotros” que de alguna manera y sin ninguna explicación ni datos que lo respalden representa unánimemente a las mujeres en general. Y no solo eso. Jameela, en un alegre arrebato de derechos, también se concede el derecho a saber separar el trigo de la paja a la hora de saber qué es ser mujer.

Ella no nos dice cuál es su opinión sobre las mujeres, de ninguna manera. Su visión de la mujer, como mujer misma, es el modelo a seguir por las mujeres; de lo contrario, esas mujeres "son un lobo con piel de oveja".

Y uno obviamente se pregunta, ¿cómo en una sociedad pluralista como Gran Bretaña todavía hay mujeres con un derecho tan delirante a tal grado que consideran que sus puntos de vista representan unánimemente los valores de las mujeres en general?

Bueno, esa sociedad es plural en la medida en que la visión no pluralista de Jameela también puede circular. Por otro lado, la pluralidad en Gran Bretaña, como en cualquier otro país occidental, no es siempre optima. De hecho, las sociedades occidentales atraviesan constantes fases de homogeneización, que a menudo desafían los estándares asumidos de democracia y pluralidad.

Jameela nos dice:

"El agente doble del patriarcado es básicamente una mujer que, quizás sin saberlo, todavía está difundiendo la narrativa del patriarcado en el mundo".

Supongamos que el patriarcado, en el sentido en que la mayoría de las feministas lo definen, es decir, como la opresión sistemática de las mujeres por los hombres a lo largo de la historia es una teoría valida. Sin embargo, sabemos que la opresión proviene de otras fuentes además de la del género, es decir, del poder de una idea para replicarse y extenderse a niveles de consenso unánime a tales puntos que terminan oprimiendo sistemáticamente las ideas de los demás.

Ya puede ver a dónde nos lleva este razonamiento. Lo que la mayoría de las feministas usan para describir como patriarcado no necesariamente se relaciona con los hombres sino con cualquier fuerza humana que oprima como resultado de monopolizar el consenso de la sociedad. Jameela, en varias instancias de su intervensión, no solo trató de monopolizar el consenso de Gran Bretaña sobre lo que significa ser mujer, sino que sistemáticamente en sus palabras trató de ignorar sin rodeos la opinión de cualquier mujer que contradice la de ella.

Esto, desafortunadamente para Jameela, le obliga, en sus propias palabras y sin saberlo a ser víctima no solo su propio error como un “agente doble del patriarcado”, sino también de su propio error de ser "un lobo con piel de oveja". Ello nos evidencia, que la mayor parte de la retórica feminista sobre el patriarcado termina mordiéndose la cola y sin tener un enfoque pluralista de la identidad de las mujeres.

En las sociedades occidentales, la mayoría de las personas luchan por normalizar su punto de vista y obtener consenso, mientras que otros se sienten autorizados a pensar en su punto de vista, no solo como un consenso a seguir por otros, sino como el modelo para ignorar otros puntos de vista que se consideran de bajo nivel. Los patrones de dominación que Jameela critica bajo el lema de “crítica constructiva” son los mismos patrones que terminan una y otra vez en una nueva forma de opresión.

Por lo tanto, el comunismo es un ejemplo extremo de ideología de unanimidad perniciosa, pero todavía podemos presenciar ideologías de unanimidad perniciosas en un país no comunista como Gran Bretaña, como es el caso de Jameela Jamil. Esto nos da esperanzas de que los cubanos podrían liberarse de esta ideología tan perniciosa a medida que descubran que su causa no solo tiene sus raíces en los regímenes totalitarios más duros. Todos tenemos algo de totalitarios y no exclusivamente por vivir en un regimen totalitario.

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